Siempre que escuchas hablar sobre experiencias de encuentros cercanos con la muerte, la gente platica historias de como han visto pasar su vida completa en una fracción de segundos; o sobre seres de luz o seres de oscuridad que los rondan; o sobre imágenes de lugares increíbles, una especie de paraíso con mucho brillo o algo así...
Yo casí muero y les puedo decir que no vi nada.
Quizá la diferencia está en el "casi"; y no es menor, sin embargo puedo decir que es una expeiencia muy cercana y, efectivamente, no hay nada.
Recuerdo un libro que leí de Ken Follet, se llama "Los pilares de la tierra", y cuenta la historia de dos albañiles -papá e hijo- en la temprana Edad Media, empecinados en construir una catedral. En algún momento de la historia se hacen de enemigo a un feudal, que en otro algún momento, ataca la aldea con sus secuaces, y aquí el narrador describe como, con un golpe en la cabeza, muere el papá entre la multitud: un golpe seco y lo que siguió fue la oscuridad. Nada más.
Así pienso que llega la muerte a la mera hora.
Y es que todo lo demás, y me refiero a lo que antecede a morir, desde una agonía convulsa hasta una muerte sorpresiva, fulminante, instantánea, no es la muerte en sí, sino un accesorio que la acompaña, para bien o para mal.
Entonces, pues, un suspiro, un instante en el que todo se apaga y no vuelve a prenderse.
Les cuento: estando ya en la plancha me colocaron la anestesia - un pinchazo y vas a sentir sueño casi inmediatamente, dijo el doctor y así fue.
De pronto, no sabía cuanto tiempo había pasado, pero comencé a escuchar las voces del doctor y de su equipo. Mi primera reacción, recordando esa película que habla de las personas que sí se duermen con la anestesia pero su subconsciente no y se mueren de la angustía por lograr que los doctores se den cuenta antes de abrirles, fue abrir muy bien los ojos e identificar que partes de mi cuerpo podía mover para llamar la atención de los doctores; funcionó -según recuerdo- por que clarito escuche como sí se habían dado cuenta que estaba despertando.
Una vez conseguido el objetivo me pude concentrar en otros temas: para empezar, ser consciente de que no podía respirar, ni hablar; principalmente porque mi cuerpo no tenía presión -como después me enteré- pero también porque tenía un tubo metido en la garganta.
Fueron en total como 60 segundos de angustia, de deseperación, de miedo. Inmediatamente después me volvieron a dormir y entonces sí la inconscienca y la oscuridad.
No desperté sino hasta cerca de doce horas después, en terapia intensiva. Resulta que primero se me subio la presión, hasta el décimo piso del hospital -tiene 10 y yo estaba en la sala de operaciones en el primero-, por eso me despertaron -es decir, que mi desesperación era infundada, pero que iba yo a saber-; y cuando me despertaron mi presión se fue a la sima, por eso me volvieron a dormir -por eso y porque me tenían que operar-. El punto es que me puse mal, muy mal y yo ni siquiera me enteré.
Es decir, pude no haber despertado y ahí se hubiera acabado mi historia. Sin ver nada, sin que se me revelara nada... ni nadie.
Afortunadamente desperté, y bien; mayugado por la operación y por supuesto por el paseo en montaña rusa de mi presión, mis niveles y todos sus amigos.
¿Significa algo?
Como dijo el poeta: no lo se de cierto, pero lo supongo. Y aunque parezca un lugar común, el tiempo lo dirá.
Mientras tanto seguimos aquí, contando historias... y también aquí en YouTube jeje.
---Alexred---
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