miércoles, 22 de marzo de 2023

Morir... (o casi) (de la serie Vivir sin aire...)

Siempre que escuchas hablar sobre experiencias de encuentros cercanos con la muerte, la gente platica historias de como han visto pasar su vida completa en una fracción de segundos; o sobre seres de luz o seres de oscuridad que los rondan; o sobre imágenes de lugares increíbles, una especie de paraíso con mucho brillo o algo así...

Yo casí muero y les puedo decir que no vi nada.

Quizá la diferencia está en el "casi"; y no es menor, sin embargo puedo decir que es una expeiencia muy cercana y, efectivamente, no hay nada. 

Recuerdo un libro que leí de Ken Follet, se llama "Los pilares de la tierra", y cuenta la historia de dos albañiles -papá e hijo- en la temprana Edad Media, empecinados en construir una catedral. En algún momento de la historia se hacen de enemigo a un feudal, que en otro algún momento, ataca la aldea con sus secuaces, y aquí el narrador describe como, con un golpe en la cabeza, muere el papá entre la multitud: un golpe seco y lo que siguió fue la oscuridad. Nada más. 

Así pienso que llega la muerte a la mera hora. 

Y es que todo lo demás, y me refiero a lo que antecede a morir, desde una agonía convulsa hasta una muerte sorpresiva, fulminante, instantánea, no es la muerte en sí, sino un accesorio que la acompaña, para bien o para mal. 

Entonces, pues, un suspiro, un instante en el que todo se apaga y no vuelve a prenderse. 

Les cuento: estando ya en la plancha me colocaron la anestesia - un pinchazo y vas a sentir sueño casi inmediatamente, dijo el doctor y así fue. 

De pronto, no sabía cuanto tiempo había pasado, pero comencé a escuchar las voces del doctor y de su equipo. Mi primera reacción, recordando esa película que habla de las personas que sí se duermen con la anestesia pero su subconsciente no y se mueren de la angustía por lograr que los doctores se den cuenta antes de abrirles, fue abrir muy bien los ojos e identificar que partes de mi cuerpo podía mover para llamar la atención de los doctores; funcionó -según recuerdo- por que clarito escuche como sí se habían dado cuenta que estaba despertando. 

Una vez conseguido el objetivo me pude concentrar en otros temas: para empezar, ser consciente de que no podía respirar, ni hablar; principalmente porque mi cuerpo no tenía presión -como después me enteré- pero también porque tenía un tubo metido en la garganta. 

Fueron en total como 60 segundos de angustia, de deseperación, de miedo. Inmediatamente después me volvieron a dormir y entonces sí la inconscienca y la oscuridad. 

No desperté sino hasta cerca de doce horas después, en terapia intensiva. Resulta que primero se me subio la presión, hasta el décimo piso del hospital -tiene 10 y yo estaba en la sala de operaciones en el primero-, por eso me despertaron -es decir, que mi desesperación era infundada, pero que iba yo a saber-; y cuando me despertaron mi presión se fue a la sima, por eso me volvieron a dormir -por eso y porque me tenían que operar-. El punto es que me puse mal, muy mal y yo ni siquiera me enteré. 

Es decir, pude no haber despertado y ahí se hubiera acabado mi historia. Sin ver nada, sin que se me revelara nada... ni nadie. 

Afortunadamente desperté, y bien; mayugado por la operación y por supuesto por el paseo en montaña rusa de mi presión, mis niveles y todos sus amigos.

¿Significa algo?

Como dijo el poeta: no lo se de cierto, pero lo supongo. Y aunque parezca un lugar común, el tiempo lo dirá. 

Mientras tanto seguimos aquí, contando historias... y también aquí en YouTube jeje.


---Alexred---

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