jueves, 25 de noviembre de 2021

Reflexiones de sobremesa... (de la serie Reflections of my life)

Hace unos días, en la sobremesa de un desayuno (que empezó un domingo a las dos de la tarde ¡ja!) con la cuatitud -en serio amigos, amigas de toda la vida- alguien le preguntó a otro alguien cuál era su religión; la respuesta fue "soy católic_, pero no practico desde hace muchos años...", entonces quien preguntó volvió a hacerlo: -"¿y no es más honesto decir que no tienes religión?".

Ahí brinqué yo...

No me voy a meter, querida lectora, querido lector, al tema que se estaba discutiendo civilizadamente en ese momento, y no porque piense que hay temas que no se deben discutir, al contrario, todo es discutible; me voy a referir al contenido de la segunda pregunta porque me parece que es parte de un problema de la sociedad en general (además de que lo hago sin ánimo de ofender a ninguna de las personas que ahí estaban, a quienes por cierto les envío mi cariño que saben suyo). 

Una vez aclarado el punto, continuo:

Desde mi punto de vista, este tipo de preguntas, así planteadas, conscientes o no, llevan una trampa. Me explico, la primera pregunta es concreta y directa, clara; fue respondida de manera contundente con un extra; y fue revirada con otra pregunta que llevaba un argumentación falaz: la pregunta "no es más honesto decir que no tienes religión", buscaba ganar un debate en una discusión con mayor contenido. 

Porque, corríjanme si piensan que me equivoco (que para eso también esta el espacio para comentarios), pero incluso sin contexto, la respuesta -insisto- fue directa y contundente, clara y respondía perfectamente a la primera pregunta, sin dejar lugar a la duda, o sea, no hay ambigüedad ni vaguedad, incluso dio un extra en la información.

Le decía a mi amig_ que me parecía que su pregunta solo era formulada para que le respondieran algo específico, diferente a la primera pregunta y que la respuesta obtenida no le proporcionaba. 

Ojo, no esta mal, al final en cualquier discusión (entendida como el intercambio de ideas con el objeto de establecer una posición y que ésta parezca mejor que cualquier otra), pacífica o no, la gente quiere ganar, tener la razón; es parte de la naturaleza humana y el lenguaje es una herramienta -la principal- para lograrlo. 

Sin embargo, hago esta reflexión porque en la actualidad vivimos un clima de polarización social que cada vez menos admite los puntos medios o la graciosa concesión al otro -no solo en México, esto pasa en el todo el mundo-.

Queremos ganar avasallando, pasando por encima de quien se ponga en frente, porque nos gusta tener la razón, imponerla y vencer...

El problema es que pasa en todos los niveles, yo les acabo de describir una plática entre personas a las que les une una gran amistad, no pasa nada; pero justo hace menos tiempo, en una conferencia especializada en temas jurídicos, que incluyó Teoría del Estado y Teoria de la Democracia -entre otras-, un compañero hacia una pregunta sobre un tópico político actual, conduciendo a una única respuesta, aun cuando el tema (debatible) está bajo el estudio constitucional del máximo órgano estatal encargado de ello.

Es decir, se formula una pregunta con alto contenido de posiciones personales de tal modo que se entienda que la respuesta, no solo del panelista, sino del propio proceso judicial debiera ser acorde con lo que se está preguntando... ¿solo yo veo la trampa?

Esto en cualquier ámbito es peligroso, pero me preocupa cuando me doy cuenta que sucede en foros profesionales y académicos. Porque, seamos sinceros y generalicemos -asumiendo el riesgo que esto implica-: todo el mundo espera de las personas que tienen una educación superior o mayor -como es el caso del último ejemplo- un procesamiento de las ideas mejor que el de las personas que no lo tienen; y el hecho de que no sea así, complica mucho la discusión de los asuntos públicos. Porque -sigo insistiendo- todos quieren (o queremos) ganar y no se dan cuenta -me parece- que la vida no es un juego de suma cero. Aunque la polarización social en el mundo insista en presentar ese tablero. 

En fin, ojalá podamos todos recordar siempre que la vida es un gran círculo cromático en donde los diferentes tonos de grises y sus extremos son apenas unos pequeños puntos en el universo y los más importante es aprender a vivir con ello...

---Alexred---

miércoles, 27 de octubre de 2021

Imágenes... (de la serie Life goes on...)

Es muy difícil de pronto, entender el camino que te traza la vida. 

A la distancia, recordar aquellas decisiones que fueron marcando la ruta que me ha traído aquí - o al menos algunas de ellas- por sí solas parecen pasos sencillos...

Hoy, sentado puerta de la casa donde vivo -mi casa, en tanto que aquí vivo- me doy cuenta de la "sencillez -así, entre comillas- de la existencia mientras alimento a una hermosa gatita callejera a la mitad de la noche. 

Lo que más me impresiona de este preciso momento, es la tranquilidad con la está sucediendo (quienes me conocen saben que no es tan común), que comparado con la vorágine de imágenes que se me vienen a la cabeza, el contraste es particular, peculiar. 

Pero todo esto me ha llevado a recordar una escena de una película más o menos famosa, en la que el protagonista después de un periplo por medio mundo -es literal- encuentra a la persona que está buscando: un fotógrafo muy famoso que en ese momento está tras la foto de un felino sumamente extraño que habita las montañas más lejanas y que solo alguno humanos han visto. Mientras están conversando, el fotógrafo le dice a su visitante que observe a través de la cámara, ahí en la lejanía, un hermoso animal posando sin saberlo, para una gran toma. Sin embargo, el fotógrafo no acciona la cámara y cuando el protagonista le pregunta por qué no lo hace, él responde más o menos así: muchas veces no tomo la foto, hay imágenes que prefiero guardar en mi memoria, para mí...

Esa es la vida. García Márquez escribió en sus memorias que la vida no es como fue, sino como uno la recuerda. 

Me pasa seguido -este es uno de esos momentos-. Ayer, por ejemplo, platicaba con uno de mis mejores amigos, compañero de batallas, de vida, que revisando unos archivos personales encontré unas fotos donde están conversando su mamá y su papá -ambos fallecieron uno tras otro en menos de un año, ¡curiosas y trágicas maneras que tiene el amor para manifestarse!- la imagen la vi como si la estuviera viviendo otra vez: ella más bajita que él mirándolo con atención devota, fijamente como para no perder ningún detalle de los gestos que hace mientras él va declamando cada frase con la cadencia exacta para que ella las escuche más allá de sus miradas, en un vals íntimo, privado, donde no importa quién está alrededor.

Los vi por unos segundos y me guardé la imagen, cuando apreté el obturador el momento importante ya había pasado, en la capturas que tomé solo quedó el eco de ese diálogo entre dos personas que a pesar del tiempo se amaban. 

No hay manera de imprimir eso en nada. 

Por eso es que este momento me lo voy a guardar. Solo quedará el registro a través de estas líneas de que hoy pasó algo importante, al menos para mí y para esta gatita. 

Esa es una buena señal.

---Alexred---

lunes, 4 de enero de 2021

Tiempos humanos... (de la serie Misantropías pasajeras)

Son tiempo perros, o al menos eso dicen; y no sé por qué si los perros son criaturas espectaculares. Sin embargo, así dicen y seguro hacen referencia a los malos ratos que pasan los perros callejeros, solo que hay una diferencia: ellos no se buscaron sus penurias, prácticamente nosotros se las provocamos... así como muchas de las nuestras a nosotros mismos. 

Y en esta diferencia está lo importante, no deberían llamarse tiempos perros, sino tiempos humanos.

Si de pronto -estimado lector- esta usted leyendo esto en el año 2021 o después, lo felicito por que es usted un sobreviviente...

Cuando cumplí 30 lo primero en que pensé -en serio- fue que brincaba la estadística y me felicité por ser un sobreviviente -me dije- hasta de mi propias pendejadas. No imaginaba yo que en la suma de lo aprendido entre los quince y los treinta y la etapa de la que se supone se comienza a forjar la mayor madurez mental -y física-, los siguientes diez años se convertirían tan solo en un entrenamiento táctico para lo que viviríamos ahora, y parecería que no es suficiente.

Hoy, en enero de 2021, nadie puede siquiera hacer una quiniela de lo que se aproxima. El 2020 dejó un daño irreparable en nuestras almas, vacíos inquietantes, alarmas imposibles de apagar, porque además de todo -y por si fuera poco- la emergencia internacional, específicamente el maldito virus, nos amenazó a todos de tantas y tan variadas maneras que era imposible no ser alcanzado: un familiar muy cercano, una amiga, un amigo, la vecina, uno mismo, un negocio, un trabajo, mil, millones... una masacre.

Y detrás de todo la angustia -y seguramente, dolor- podemos ver que un fenómeno de tal envergadura es imposible de determinar cuándo pasará con exactitud, aunque al mismo tiempo sepamos, por pura probabilidad, que es inevitable que suceda, pero también nos hemos dado cuenta que, aún en los lugares donde se presume hay más dinero -sí, allá donde siempre los que más tienen lo han tenido siempre- los sistemas de salud han sido desmantelados y sus gobiernos han sido incapaces de recibir a los contagiados y contener la muerte o, al menos, retrasarla. De ahí para abajo por qué tendríamos que esperar mejores condiciones.

Y ésta es la tragedia que se suma al saldo que ha dejado el triunfo de nuestra especie en la Tierra; es nuestro Apocalipsis zombi, son los tiempos humanos en los que nos enfrentamos a nosotros mismos y a la destrucción que hemos dejado en el camino. 

Porque, contrario a nuestra naturaleza -social- el remedio es enclaustrarnos o de menos, distanciarnos, alejarnos lo suficiente para asegurar la supervivencia de todos los regímenes en el mundo; y en otras circunstancias quizá sería una buena solución, pero hasta antes de la pandemia, cuántos de nosotros estábamos acostumbrados, ya no programados, para pasar tiempo en casa; ahora pasamos de destruirnos en la calle a destruirnos en el seno de un hogar que nunca ha existido... ésta es otra tragedia, la de las masas, la de todos los estratos.

Debo confesar que hoy vi a algunas personas con las que hablo siempre y veo seguido (una de ellas se contagió hace poco) y las abracé, eso no pasó en ocho meses y no pasará en otro tanto; quiero pensar que aun conservo la esperanza de que las cosas cambien y pueda hacer lo mismo con mis seres más cercanos pronto... muy pronto.  

Estimado lector, querida lectora, aquí como en la vida, no todo es oscuridad, celebro que haya llegado hasta aquí y le reitero mi felicitación por que hemos sobrevivido a una pandemia -ésta-, pero no hace mucho sobrevivimos a otra. Quizá es hora de reflexionar y cambiar las reglas de nuestra habitación en el planeta Tierra, o al menos la cohabitación con nuestros semejantes primero, y con el entorno después, pero aquí nunca ha sido mi intención decirle que hacer -suponiendo como lo hago, que alguien me lea-, así que le deseo que siga disfrutando de su vida y la de sus cercanos...


---Alexred---