martes, 13 de junio de 2017

Viajando por la carretera de los recuerdos...(de la serie Bitácora de viaje[s])

Cuando recibí el billete de dos dólares supe que me iría muy bien. Dicen que son raros y yo había querido conseguir uno de esos durante mi estadía en Los Cabos, donde me pagaron con moneda gringa y como podrán inferir, no lo conseguí.

Siempre he creído que la vida te da señales, tan sutiles al principio que casi nunca las vemos, pero conforme avanzamos en nuestro camino se vuelven más y más fáciles de ver -y hasta sentir- ¡Claro! la vida puede ser muy violenta, para bien o para mal, si no ves sus señales o decides ignorarlas.

El caso es que los nervios por el viaje en carretera tan largo se disiparon un poquito. Entonces partí. Muy temprano tomé camino.

Así me sorprendió el amanecer con el mar del Golfo acompañándome en mi travesía y comenzó un viaje con escenarios espectaculares.

Hace algunos años tuve la oportunidad de recorrer un poco el estado mexicano de Chiapas, una semana me bastó para prenderme y enamorarme de sus paisajes, de su selva, de sus historia, de su comida; recuerdo que quedé maravillado por la cantidad de tonalidades del color verde que puedes admirar en solo un espacio y así todo el estado. En mis viajes por México nunca había visto una belleza semejante -y miren que aquí lo que sobran son lugares hermosos e increíbles-.

Hasta que hice un viaje parecido a la región de la Huasteca hace un par de años, y entonces una semana me bastó para prenderme y enamorarme de sus paisajes, de su selva, de su historia, de su comida; recuerdo que quedé maravillado por la cantidad de tonalidades del color verde que puedes admirar en solo un espacio y así toda la región...

¿No les ha pasado?

Pues bien, en esta ocasión me tocó pasar por un tramo de la Huasteca veracruzana, además de los colores imaginen que vienen manejando por la carretera y de pronto los invade y acompaña un profundo olor a naranja por varios kilómetros ¡Una locura! También me tocó ver gallinas aplastadas por andar libres sobre el asfalto y en algún punto alcancé a ver un Cristo gigante en la cima de una montaña.

El contraste de Tamaulipas fue su color café y su carretera con poco tránsito hasta casi llegar a Matamoros (ciudad fronteriza con USA y cuna del célebre filósofo del pueblo Rigo Tovar), donde grandes extensiones de sembradíos de sorgo cubren de manera uniforme de rojo el paisaje. Este tramo, de Tampico a Matamoros, es el que había considerado como más peligroso y lo crucé bien y rápido, muy rápido.

Los puentes internacionales -conocí tres- marcan una línea divisoria muy parecida a la que describe Aldous Houxley en Un Mundo Feliz, ¡qué triste! Pero contrario a la historia tienen una vida espectacular, es increíble la cantidad de gente, de carros, de mercancías, de seguridad que hay.

Crucé dos veces en una semana con el miedo en ambas a que no me dejaran pasar ¡Qué horror! Cuando me entrevistaron los agentes tenía ganas de decirles que tenía un billete de la buena suerte.
Para acabar de rematar un policia federal me dijo que las cosas en Brownsville y McAllen no estaban bien para los mexicanos. 

Nada menos parecido a la realidad, pero esto es tema de otra entrega...

---Alexred---

jueves, 1 de junio de 2017

El niño y la mar... (de la serie Bitácora de viaje[s])

Siempre me ha gustado el mar.

Quizá ésta fue una de las razones por las que escogí esa ruta para viajar a Texas. Partí de Xalapa antes del amanecer y para cuando salía el sol ya estaba yo llegando a Costa Esemeralda, es decir llevaba varios kilómetros bordeando el Golfo de México.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que fui a la playa, pero me gusta pensar que fue amor a primera vista y recíproco, pues aunque impactado por su fuerza he hecho algunas estupideces las cuales no me ha cobrado el inmenso mar.

Me paro frente a él y es como si una extraña y hermosa melodía me llamara mar adentro, como si una voz me invitara hacia ella, puedo estar horas y horas jugando con las olas, disfrutando de la espuma, he nadado de noche, mar adentro, desnudo, borracho, enamorado, solo, con amigos, en pareja.

Conozco algunas playas de la República, varias en Acapulco donde además tengo mil historias con mi familia y con mis amigos, algunas en Colima -en Manzanillo una vez -cuando era joven y estúpido- nadé muy de noche y muy borracho (esta es una de las razones por las que cuando cumplí treinta mi primera exclamación/reflexión fue asegurar que ya había pasado la estadística y me convertía oficialmente en un sobreviviente de hasta mis propias pendejadas), por supuesto no volví a nadar así, aunque si me volví a emborrachar frente al mar; viví en los Cabos un corto tiempo y tuve uno de los mejores trabajos de mi vida, en la playa of course, aquí y en La Paz, también en Sinaloa, en Topolobampo por ejemplo viaje en el ferry, que además hizo mil horas cuando era un monopolio, hacia La Paz, en Oaxaca -Mazunte tiene un lugar muy especial en mi bitácora-, Quintana Roo, Yucatán, Tabasco, Campeche, Tamaulipas y por supuesto Veracruz.

De niño y adolescente recuerdo más el Pacífico y sus enormes olas en Acapulco y en algunas partes de los Cabos; aquí viví el terror que significa sufrir por primera vez un huracán por categoría 1 ó 2 que fue -y miren que lo dice alguien que vivió los terremotos de la CDMX en el 85-. Recuerdo perfecto la claridad del mar en Manzanillo y Mazunte y el frío mar de B.C.S.

Sobre el mar del Golfo de México solo recuerdo que decían que no era un mar bonito y que estaba contaminado por el petróleo que de ahí se extrae. Nada más alejado de la realidad.

Tenía 21 años cuando fui a Veracruz con mis amigos por primera vez, uno de eso viajes de la universidad que sirven más para las relaciones públicas -que incluyen borracheras de antología- que para otra cosa por muy académica que sea. Mi (ahora) compadre -jariocho él- tenía años invitándome, y yo el mismo tiempo negándome a ir. Error, cuando por fin me di la oportunidad de visitar ese hermoso lugar quedé prendido de la ciudad, del Puerto, de su malecón, de su comida, de su gente, de su mar.

Así debió ser mi primer contacto con el océano.

Una Tamaulipeca me dijo hace poco que si quería conocer playas chingonas -así me dijo, ¡y en Veracruz!- la fuera a visitar; pasé por ahí y me encantó la playa, me prometí llamarle pronto para que me de ese tour (y quizá otros besos).

Nadé en playas texanas, mismo mar que el mexicano, al final alguna vez fue parte de esta patria desgajada, pude ver delfines en libertad y conocer un poco del orden gringo -aunque dicen por ahí que pertenece a nuestros paisanos de Nuevo León que se inventaron una ciudad segura y con playa y mar ante la falta de todo eso en su propia tierra-.

Regresé por la misma ruta y antes como después de ida, atravesé la maravillosa huasteca veracruzana, pero eso es tema de otra historia y admiré por la tarde Costa Esmeralda, me permití ver el mar un buen tramo, manejé despacio disfrutando el paisaje, su sonido, su olor.

Al final recorrí un total de 3,000 kilómetros y regresé con bien a casa, con mil historias en la cabeza y con la sensación de que el mar y yo estamos bien...

---Alexred---




jueves, 11 de mayo de 2017

(De)Ambulante... (de la serie Bitácora de viaje[s])

Todos los periodos vacacionales la familia estaba lista para salir, opciones había; así recorrimos todos los balnearios de Morelos con sus respectivos toboganes, disfrutamos de las playas de Acapulco; todavía llegamos a salir a Oaxaca o Michoacán en tren desde la estación de Buenavista en la Ciudad de México; en alguna ocasión cuando llegó de visita la familia de California los llevamos a Chinconcuac por ropa; o con amigos de la familia a un increíble rancho en Quéretaro.

Unas veces eramos sólo nosotros, papá decía vámonos y era salir con todo y la abuela que tenía que aventarse unos buenos rounds con su jefe por la intransigencia familiar, todo el tiempo escuchábamos música e íbamos cantando (alguna vez nos quedamos varados en la carretera toda una noche por una falla mecánica); otras veces era con la familia, los bisabuelos, las tías de mamá, sus primas, sus primos, sus hijos, sus hijas. En los veranos de Oaxtepec o en la casa de los abuelos en Cuautla nos reuníamos entre 7 y 18 chamacos ¡Una locura! Recuerdo perfecto que la mamina nos llevaba a caminar por las vías del tren antes de llevarnos a nadar. Por supuesto eran comunes las fracturas, las raspadas y las peleas. 

Desde niños nos acostumbraron a viajar en autobuses, la primera vez que lo hice sin papás fue bajo el cuidado de los abuelos (bisabuela y bisabuelo), recuerdo perfecto que viajaban "hasta con el perico", en alguna ocasión el abuelo llevaba una cubeta de leche de la CONASUPO que por supuesto se cortó, tan chacharero él que aprovechó el incidente para elaborar un queso sensacional, nada desperdiciaba -en serio, nada-.

Un día nos enviaron a mi hermano y a mi a Los Ángeles, el primer viaje en avión y completamente solos, aunque siempre cuidados por una auxiliar de vuelo, para un niño de 11 años es un viaje increíble. 

La vida familiar poco después de este viaje cambio por completo y lo que pintaba como un futuro en el que los viajes internacionales serían una especie de "sello de la casa" se vio truncado al grado de que el siguiente viaje en avión no sería sino hasta algunos años después estando ya en la Universidad.

Sin embargo, los viajes dentro de la República Mexicana continuaron, ahora solo o con los amigos (a los 16 me fui sólo con mis amigos a Acapulco), desde muy chico comencé a hacer mi recorrido: Zacatecas y sus museos, Guanajuato y sus célebres festivales y sus contrastes, Michoacán con su herencia familiar, Yucatán y su hermosa ciudad capital, Guerrero con sus playas, San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz, Hidalgo, Querétaro, Coahuila, Chihuahua, Monterrey, Chiapas y un largo y detallado etcétera en estos y otros lugares.

He tenido la fortuna de que mi talante inquieto me ha llevado a radicar lejos de la Ciudad de México y mi trabajo me ha llevado a conocer lugares que no pensaba visitar pronto, me he maravillado con la historia de las culturas prehispánicas, con la belleza de las mujeres en todo el país, he bebido, he visto al sol salir y ponerse en las playas, en el campo, he meditado, he sido arrestado (una sola vez y era menor de edad -muy menor-) he estudiado a poblaciones, he conocido limitaciones, he corrido y jugado en la playa, he trabajado para estrellas de Hollywood, he comido cosas exóticas, he disfrutado de las maravillas de la naturaleza y muchas cosas más.

Como es natural, las experiencias y los recuerdos son largos, conforme ha pasado el tiempo, en cada viaje he ido aprendiendo cosas y mi formación me ha obligado a mirar con ojos escrutadores de la situación social, del contexto histórico, no lo puedo evitar.

Por eso estoy sorprendido de cómo me he sentido últimamente, estoy por iniciar un viaje en carretera, largo, de muchos kilómetros pues, no es la primera vez que viajo tanto y sólo, pero si es la primera vez que lo hago en un contexto como en el que vivimos, la violencia y la sensación de que efectivamente hay tramos controlados por el crimen, organizado o no, o con tal descontrol que hasta de las autoridades dudas, me tienen -debo confesar- asustado. Sin embargo, es mi derecho, mi gusto, y extremaré precauciones y viajaré de día y veré y aprenderé y conoceré y si me permiten, compartiré con ustedes la experiencia.

Así sea.

domingo, 7 de mayo de 2017

Cuando las mujeres dejaron de ser diosas…* (de la serie Palabras Aparte...)

**En el principio era el verbo
y el verbo no era dios
eran las palabras
frágiles transparentes y putas…

En la tradición judeo-cristiana, Dios creo el mundo en seis días, empezando por los cielos y la tierra; la luz y la diferencia entre el día y la noche –la luz y las tinieblas-; el mar, las bestias marinas, las bestias terrestres, en fin todo lo que conocemos; y fue hasta el último día que decidió, siempre según el Libro del Génesis, hacer al Hombre a su imagen y semejanza para que señoreara a todos los animales que habitan la Tierra. Y creo Dios al hombre a su imagen –dice la Biblia y remata –a imagen de Dios lo creó.

En el mundo occidental –de tradición judeo cristina-, el primer libro del Antiguo Testamento (el primero del Pentateuco), ha servido de base para fundamentar la acción del hombre sobre la naturaleza y en general, sobre su entorno. Sin dejar de lado lo bella que puede ser está primera parte de la historia, plantea contradicciones que repercuten en la conformación de la sociedad actual, sobre todo –y en este punto es el que nos concentraremos- en el papel que las mujeres ocupan y rol que deben jugar.

El planteamiento es a partir de dos razonamientos, primero, el que tiene que ver con los orígenes “espirituales” del hombre, a través de una religión –la judía- y una de sus posteriores vertientes más importantes, la cristiana. En este sentido, en la primera parte del Génesis, es claro que Dios ha decidido crear al hombre a su imagen y semejanza, sin embargo, se suele omitir la parte que dice: varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y Multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

A partir de aquí podría parecer sorprendente que la historia de la humanidad devino en la historia del hombre sí, del hombre como individuo, no del hombre como especie, es decir la historia del hombre pero no de la mujer, que de acuerdo con lo anterior fue también hecha a imagen y semejanza del poder creador y destinada a reinar junto con su pareja sobre la tierra.

Si seguimos leyendo la historia, entenderemos el origen de tal ignominia. A pesar de que el libro dice que Dios vio que todo lo que había hecho era realmente muy bueno, a partir de la segunda parte, y en adelante en todo el libro, vemos plasmado el papel de la mujer en un documento que para millones de almas en la Tierra, es ley.

Así, cuando se trata de especificar el origen del hombre como especie en la tierra y la acción del ente creador, plasmada en las palabras santas tan sólo unos párrafos antes, se acota que la creación del hombre como individuo fue antes que la de la mujer y más aún, que ésta le debe la existencia, pues Adán se sentía muy solo y para aliviar tal penar se le concedió una compañera tomada de su costilla, por lo que la mujer quedó desde ese momento excluida de ser tomada como creación a la imagen y semejanza de dios, reina y señora de todo ser vivo sobre la tierra, y –peor aún- relegada a un segundo plano en la historia de la humanidad por tratarse de un apéndice masculino.

No conforme con eso, aquellos que escribieron el libro sagrado le echaron la culpa a Eva por comer del árbol del fruto prohibido sentenciando: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Así se legitima la acción del hombre sobre la mujer en la historia de la humanidad; historia escrita, como la Biblia, por los hombres hinchados de soberbia capaces de asegurar que somos hechos iguales a Dios, y que no conformes con “su voluntad” de mandar sobre todas las especies de la Tierra, había que legitimar el golpe de Estado contra las mujeres.

**…la gran literatura sólo se produce en la infelicidad
y solidarias y espléndidas parían
adjetivos y gerundios
preposiciones y delirios
con los cuales decorar el retortijón existencial
y convertirlo en oda o nouvelle manifiesto
las revoluciones frustradas tienen eso de bueno
provocan angustias de un gran nivel artístico
en tanto los triunfantes apenas si alcanzan
logros tan prosaicos como la justicia social.

Así se explica sola la segunda cuestión, que se ubica al preguntar ¿cómo es posible que en pleno siglo XXI sigamos discutiendo el papel que deberían tener las mujeres en su participación en todos los ámbitos de la sociedad?
En efecto, cuando las revoluciones burguesas establecieron los derechos del hombre y el ciudadano, lo hicieron bajó este mismo esquema: derechos para los hombres como individuos y las mujeres bajo su protección. Sólo cuando el proceso capitalista se dio cuenta de que las mujeres “libres” constituían un poderoso, importante y creciente papel en el circuito del mercado mano de obra-consumo, fue que se les comenzaron a otorgar derechos civiles, políticos sociales y económicos, a cuentagotas por supuesto, para evitar una sublevación al status quo patriarcal

Curiosa historia que le dio libertad a los esclavos pero mantenía bajo su yugo dominante a las mujeres.

**…en el después será el verbo
y el verbo tampoco será dios
tan sólo el grito de varios millones de gargantas
capaces de reír y llorar como hombres nuevos y
mujeres nuevas
y las palabras putas y frágiles se volverán sólidas y artesanas
y acaso ganen su derecho a ser sembradas
a ser regadas por los hechos y las lluvias
a abrirse en árboles y frutos
a ser por fin alimento y trofeo
de un pueblo ya maduro por la revolución
                                                                                y la inocencia.
* Publicado en Palabras Aparte en 2011
** Fragmentos del poema El verbo de Mario Benedetti.
---Alexred---

jueves, 6 de abril de 2017

También de dolor se canta... (De la serie de rotos y descosidos)

Siempre es difícil superar un rompimiento sentimental, ya sea de novios de mucho tiempo ya sea de pareja que comparte espacio y vida cotidiana o la mezcla de ambas; y es así porque un rompimiento de esta magnitud es lo más cercano a un fracaso personal solo que combinado con sentimientos profundos que te ubican en un estado de indefensión, vulnerable pues, y si a algo le tememos -otra vez generalizaré- en este mundo torcido donde el éxito está representado por la tenencia de un súper carro y harta lana en la cartera, es precisamente a su contrario: el fracaso, representado éste entre otras cosas por la paralización del cuerpo, alma y pensamiento que no sólo te impide avanzar sino peor, te hace sentir que has retrocedido años luz.

Tuve una novia con la que duré muchos años y siempre que veíamos o sabíamos de alguien cuyo infortunio personal l@ había llevado al filo del abismo de la momentánea soledad causada por la ruptura en su relación sentimental, así como los tumbos naturales con los que te conduces cuando tu tiempo se convierte en eso, recuerdo que le decía que eso pasaba cuando las parejas perdían el objetivo común y se conducían directamente al precipicio de la ruptura hasta que sucedía y entonces lo que veíamos era gente rota, vulnerable y con las tripas cargando y cuidando para que nadie las estropeé... más. 

Muchos años duramos de novios -repito- hasta que dejamos de serlo y entonces me tocó vivir en carne propia los estragos del amor que falló, porque para romperse hay que sentirse primero pleno en en ese plano y -debo reconocer- yo estaba tan enamorado que hasta decía que algún día escribiría un libro sobre todas esas cosas que gracias al amor que sentía por ella habían nacido, crecido, reproducido -no se si esté bien escrito-, desarrollado y, que aún cuando pensaba que vivirían ahí así por un largo tiempo, finalmente murieron mal arrancadas de tajo y entonces ni libro, ni amor, ni novia, ni éxito, ni la chingada. Y lo que siguió fueron los tumbos.

A nadie nos gusta sentirnos fracasados, pero una vez que esto sucede sólo hay de dos: o lo afrontas y aprendes o te quedas en esa historia y te conviertes en una persona horrible que en cada paso que da busca y encuentra la venganza arrollando a todos los seres humanos que se te atraviesan en el camino.

Las personas deberíamos -y aquí me disculparé querido lector pues no es mi intención decirle qué hacer o cómo vivir su vida, pero estoy por cerrar la idea- aprender a no tirarnos al piso -para que no falte el lugar común- y comprender que la naturaleza de las cosas en esta vida es su caducidad, lo que no significa que tenemos que cometer el grandísimo error de matarlas antes de iniciarlas, sino aprender a disfrutar del ciclo natural de la vida y cultivar con mucho cuidado, cariño y placer cada uno de sus estadios para que duren tanto como la naturaleza de los cuidados que les hemos dado nos lo permita, y cuando llegue el final lo aceptemos con la naturalidad que le corresponde y le demos oportunidad a nuestra alma a recuperarse a través del duelo merecido después de haber dado todo de sí.

¿Qué qué fue de mi? Pues ya no escribí un libro pero me di la oportunidad de abrir este blog hace algunos años por otro amor que después me rompió otra vez en cachitos y como soy muy inquieto y creo firmemente en lo que he escrito, me podré romper -como ha pasado- una y otra vez que al final me basto para pegarme o coserme, total la vida se trata de vivirla... (y siempre habrá un roto para un descosido).


martes, 5 de mayo de 2015

De mascotas y el amor I/II (de la serie Volverte a ver...)

La primera vez que perdí a una mascota -y me refiero conscientemente pues hay una historia muy famosa en mi familia de cuando se murió un pollito en mis manos, de la cual no recuerdo nada- tenía yo alrededor de 6 años. Era una hermoso boxer cachorro que le habían regalado a mi papá, recuerdo que era una bala, muy cariñoso y se llamaba King. 

Ese perro sufría -ahora lo sé-,  porque además de que vivíamos en un departamento de interés social de 75 metros cuadrados, mi papá le mandaba señales contradictorias todo el tiempo: un día podía amanecer escondido entre las sábanas en la cama de mis padres y por la tarde sufría la educación de quién no sabe -también ahora lo sé- tratar a las mascotas, es decir, recibir cinturonazos por haber hecho alguna travesura.

Al final, dado que el departamento era demasiado pequeño para el King y mis padres claudicaron en su educación, decidieron regalarlo, nunca supimos ni mi hermano ni yo dónde o con quién y tuvimos que conformarnos con la historia de que el cachorro que había iluminado nuestras vidas (en el sentido de la experiencia que da el tratar con animales -también esto ahora lo sé-) había llegado a un mejor lugar -lo que sea que eso signifique-.

Para compensar nuestra pérdida nos regalaron un par de tortugas que murieron de inanición después de unas vacaciones largas. Triste fin de las pequeñas y de la oportunidad de tener animales en casa. No así de las ganas, en cada oportunidad intentábamos meter a casa gatos y perros. Nunca tuvimos suerte y sí la negativa rotunda de nuestra madre que ya adivinaba la carga extra de trabajo en casa que sumaría la llegada de una mascota (también ahora lo sé y lo comprendo, aunque no lo acepto).

Con el tiempo la falta de contacto con los animales te hace no sentir la necesidad de tener a uno, incluso se te pega ese mal de adulto amargado que ve en las mascotas una carga y no la oportunidad de ser más humano.

Con el tiempo eso cambió; a pesar de mi negativa, un día -cosas curiosas de la vida- mi madre llegó a la casa con una perrita faldera, rara mezcla de french mini con maltés, negra  como la noche y con los mejores modales que haya visto en un animal, esto incluye, claro, a los humanos. La perrita no tardó en ganarse el cariño de la familia y fue trasladada a la casa de las abuelas en Cuautla para que se hiciera novia del perrito de mi abuela, un hermoso french hijo de padres con pedigree y esas cosas raras. Fue amor a primera vista, de esa unión nacieron tres hermosas cachorras, en casa de mi madre, la misma donde 18 años atrás no se permitían mascotas. 

Fue entonces que redescubrí mi amor hacia los animales, la idea de mi mamá era regalarlas a las tres, pero me opuse terminantemente y en la negociación logré primero que nos quedáramos con una (la Piyuya) luego con otra que además me había robado el corazón (la Muñeca) y, ante la imposibilidad de tener a las tres, dado el espacio -el mismo departamento de 75 m2- logré acomodar a la otra en casa de mi novia -dicho sea de paso de esas novias importantes en la vida-, debo reconocer que días después me arrepentí pero al final la perrita se quedó en muy buenas manos, aunque años más tarde -no muchos- ya no supe más ni de la perrita, ni de la familia de mi novia, ni de la novia.

Lejos de ver en estos cachorros una carga, nos dedicamos a cuidarlas, de pronto me encontré con la responsabilidad de cuidar perritos que te esperan para que juegues con ellos y los estés todo el tiempo acicalando.

Un día, de esos en los que pasan una serie de acontecimientos extraños, los padres de estas cachorras murieron en circunstancias extrañas, en casa de las abuelas; ante la tristeza de esta pérdida, mi abuela me llamó para que les llevará a mis dos perritas a que le hicieran compañía, cosa que además me cayó muy bien dado que yo acababa de salir de casa y en el cuchitril al que me fui a meter no aceptaban mascotas.

La casa de mis abuelas era muy grande y tenía mucho espacio para los hermosos animales, que dicho sea de paso siempre estuvieron acompañados de gallinas, gallos, polluelos, pájaros y hasta un pavo real -que un día tuve que perseguir porque voló a varias cuadras de distancia- y alguna vez un borrego. 

Como las abuelas eran muy queridas y todos en la (numerosa) familia sabían el sufrimiento por el que pasaron cuando murieron los dos perros en circunstancias extrañas, un par de meses después de que recibieron a mis cachorras alguno de mis tíos les regaló un french macho que se convirtió en el novio de la Piyuya y la Muñeca.

Con el tiempo la Muñeca se convirtió en la acompañante de mi bisabuela y la Piyuya quedó preñada y dio a luz a dos hermosas cachorras... (Continuará)


---Alexred---








martes, 5 de agosto de 2014

Masiosares (de la serie masiosares)...

Se dice que el Centro Histórico de la Ciudad de México es el corazón del país, específicamente el llamado Primer cuadro de la Ciudad. Seguro algo debe representar pues ahí se encuentra la sede de dos de los tres poderes políticos de la República; y cuenta la leyenda que el imperio mexica fue fundado ahí, donde encontraron un águila parada sobre un nopal devorando a una serpiente sobre un islote en medio de una laguna.
A la distancia, lo único cierto es que se fundó entonces una ciudad donde habitaron aproximadamente y durante su máximo esplendor, dos millones de habitantes, sobre una zona lacustre. Una gran extensión de una extraña convivencia de agua salada y agua dulce condenada a desaparecer bajo el asfalto gris (y ahora un poco de concreto hidráulico) y todo el peso de la modernidad que inevitablemente se la tragó, o mejor dicho, la sepultó con todo y su historia.
Hoy -aún cuando me encanta el lugar-, y después de recorrerlo una y otra vez, sólo podría aceptar una teoría -no'más por mis puras ganas de chingar-:
Más que el corazón de la patria mexicana -what ever thats mean- el Centro Histórico de la Ciudad de México es la fiel representación de la sociedad mexicana y su cimiento. Construida sobre terreno fangoso con un artilugio que hoy sólo podemos observar en la zona de Xochimilco -o lo que queda de él-, con edificaciones chuecas o enderezadas a golpe de hundimientos provocados, que además no se necesitan pues se hunde solito a razón de 2 o 3 centímetros por año, y lo que es peor, cuando la masa popular piensa que le pertenece y se hincha su pecho de orgullo por él, en realidad es propiedad de Carlos Slim y el gobierno de supuesta izquierda ya ni siquiera los deja manifestarse a menos que sea para celebrar partidos de futbol...
¿A poco no estamos bien jodidos?

---Alexred---