jueves, 22 de diciembre de 2022

La Navidad... (de la serie Misantropías pasajeras...)

En estos días la gente se pone, mmm, digamos especial y el mundo parece detenerse un poco.

Las apariencias engañan. 

Hace unos días, en el programa de los domingos para ser exacto, comentaba como, al menos en occidente, empapados de creencias judeo-cristianas, la fiestas de la natividad, la Navidad, pues, envuelven el ambiente con un halo de "paz" y "tranquilidad". 

Durante el inicio de la Primera Guerra Mundial, después de un impasse de varios meses, los soldados de ambos lados -de manera muy espontánea, se dice- celebraron una tregua en las que todos salieron de sus trincheras a festejar la Navidad con el enemigo -hay relatos que hablan de juegos de futbol-. Para después continuar con el horror, clásico, típico, histórico, de europeos matándose entre ellos (les recomiendo este post La historia universal como infamia: América Latina, aquí, en Lemon Tree). 

También el capitalismo consumista se ha apropiado de la temporada: compra masiva de regalos, cenas de temporada invernal, con un alto grado de contenido calórico, en pleno calor del verano austral, son un ejemplo de como se vive la magia de la Navidad, mientras disfrutamos una Coca Cola... por ejemplo.

Sin embargo, la fecha sigue siendo especial para muchos, la gran mayoría, pues se trata de un excelente pretexto para reunirse con la familia, cenar, convivir, previo al desmadre de la fiesta de fin de año, a la siguiente semana.

En lo particular, después de que murió papá, la Navidad dejó de significar algo. No olvido los momentos llenos de alegría y buena ondez con la familia de mi papá -momentos que, por cierto, se acabaron cuando él murió-. Tampoco olvido los regalos que que haciamos en la familia y, por supuesto, los que traía Santa, a quien le escribiámos cartas que colocabamos en las botas junto al árbol adornado con un chingo esferas y luces de colores. 

Hoy, prefiero pensar en el año nuevo, seguramente hablaré un poco de esto la próxima semana. Sin embargo, de un par de años para acá, he encontrado (o tal vez, reencontrar es el verbo correcto) un gusto particular por poner y adornar el árbol de navidad en casa, cenar con la familia y pasar un buen rato bajo el cobijo del pretexto de la celebración de Navidad.

Si lo miras con mayor detenimiento, no hay mucha diferencia entre el futbol y la navidad. Ambas celebraciones sirven para entretener, olvidar; en el caso del fut, te distrae semana con semana de los problemas que te agobian diariamente; la Navidad, permite olvidar por un momento que somos  una especie animal, cruel, grosera, individualista y, para los creyentes, hasta pecadora; capaces de cenar, beber y olvidar que después del convivio pelearemos a muerte como en la Primera Guerra Mundial. 

Recuerden siempre, queridos, queridas, diviértanse mucho, el entretenimiento nos los merecemos todos, siemptre, solo no dejen de pensar... Nunca, que eso es lo que se supone nos diferencia en el reino animal. 

---Alexred---


jueves, 15 de diciembre de 2022

Se acabó el Mundial... (de la serie El mundo unido por un balón...)

 ¨Todo el mundo juega futbol, pero no todo el mundo sabe jugar futbol..."

Ya les he platicado de esta frase demoledora que aplica no solo para el deporte de las patadas sino para la vida. 

Viene a cuento porque justo este fin de semana se acaba el Mundial de Futbol que se celebra en Qatar; un pequeño emirato árabe que ha tenido la fortuna de tener bajo su suelo un chingo de petróleo. Más aún, lo ha sabido explotar y hoy es un país muy rico que ha sido capaz de organizar la hasta ahora copa mundial más onerosa de la historia. 

Todo un mes de juegos diarios, de transmisiones en radio, televisión e internet; de comerciales, de discusiones de mesa; todo hasta el hartazgo; bueno, incluso los juegos de video han sacado provecho de la temporada, la cual por cierto, es atípica: normalmente, el torneo se juega en el verano del Hemisferio Norte; a mitad del año.

Podemos discutir muchas cosas sobre los motivos que llevaron el Mundial a Qatar; podemos discutir muchas cosas sobre las circunstancias en las que se organizó la Copa; incluso podemos, desde nuestra perspectiva judeo cristiana-occidental, discutir muchas cosas sobre el régimen político o las costumbres y cultura de ese país. 

Lo que no podemos discutir -me parece querida lectora, querido lector-, es la relevancia social en el mundo que significa el futbol. 

No voy a entrar en detalles de número para no aburrirles, pero ¿se pueden ustedes imaginar un costo alrededor de los 200 mil millones de dólares? ¿y que con estas cifras hay estadios que solo fueron construidos para la ocasión? es decir, terminando los van a desmantelar... 

Yo no. 

Sólo para tratar de dimensionar un poco, los mundiales de Rusia y Brasil costaron alrededor de 15 mil millones de dólares.

Con estos números, me queda claro que si es negocio y que el futbol es mas importante social y económicamente hablando de los que los detractores de este deporte consideran. 

Pero, como sabemos, todo acaba y el próximo domingo conoceremos al campeón, que saldrá entre dos equipos que, se espera por como han jugado, darán un gran espectáculo. 

Me quedo con la bonita impresión de la selección de Marruecos; con el increíble juego de los franceses y con la personalidad arrolladora de Leonel Messi. 

A mi que me gusta el futbol, me hubiera gustado jugar así. 

Y el próximo mundial será acá, en México, Estados Unidos y Canadá. Acá los esperamos...

Y a ustedes, ¿qué equipo les gustó más? 

---Alexred---


jueves, 8 de diciembre de 2022

Encuentros... (De la serie Encuentros cercanos del tercer tipo...)

Nunca me ha gustado tomarme fotografías con figuras públicas... con excepción de Chewbacca y Mickey Mouse. 

En serio. Miren: 




Tengo una suerte para encontrar y reconocer personajes de la farándula y de la política en la calle, que no me creerían las historias que tengo. 

No voy a entrar en detalles, pero, por ejemplo, a Jacobo Zabludowski me lo encontré tres veces, la tercera de plano si le pedí una foto --jajaja-- fue muy chistoso. 


En un viaje a Veracruz con esa cuatitud que más bien es familia, me encontré en el hotel a Mel Gibson, que estaba grabando por esos días la pelí que grabó en ese bello estado mexicano. 

Otra ocasión, el mismísimo Mario Almada, estrella del cine mexicano, me dio un rai hasta mi casa -me cae-.

Es muy común que en los aeropuertos de todo el país me encuentre con personajes de la política nacional. Una vez estaba esperando a personal de donde trabajo, otra vez en Veracruz; era el último vuelo de la CDMX y había un grupo de familiares esperando a niños y niñas que venían de intercambio de Canadá, con porras, mariachis, globos, en fiesta pues, y justo cuando estaban saliendo los niños y empezó la alharaca, como sincronizado, los rebasa un exgobrenador que fue querido y ya no. Ya entrados en festejos, el grupo le lanzó una porra, y el pobre hombre con prisa y -se notaba- queriendo pasar desapercibido, no se esperaba el alborto y se puso rojo, rojo... bueno, mas bien morado. 

Otra vez, ahora en el aeropuerto de Monterrey, mi exjefe venía platicando muy amenamente con Cepillín... hasta les tomé una foto. 

Recuerdo todo esto, porque hace unos días, en un viaje a la CDMX, en el restaurante del hotel, a la hora del desayuno, un sujeto nos pregutó por los chilaquiles; que si eran como frijoles. Por supuesto le platicamos y le llamó mucho la atención el platillo, y esa pregunta fue el detonante de una conversación bien interesante.

Resulta que el señor era peruano -bueno, es peruano- y, además, una estrella de la farándula de por allá. Tuvimos una charla como de veinte minutos, hasta que me levanté por unos deliciosos chilaquiles, para que viera como se servían.

Muy interesente, nos contó que estaba aquí como jurado en un concurso, en un congreso de Circos latinoamericanos, y sobre su personaje; y eso nos lo contó por que no me quedé con las ganas de preguntarle cuál era el programa que tenía en el Perú... y nos lo mostró. Y sí, sí es bien pinches famoso. 

Le envío un abrazo a Ernesto Pimentel, con la esperanza de que el encuentro haya sido igual de provechoso para él...

Soy un convencido de que los viajes nos dejan siempre algo, alguna enseñanza o, al menos nos dan la posibilidad de conocer personas interesantes. 

Ese viaje no fue la excepción.

¿Por qué no me platican aquí en los comentarios si han encontrado famosos así, muy casual?

---Alexred---


jueves, 1 de diciembre de 2022

Gajes del oficio... (de la serie Vuela, vuela...)

Viajar es una cosa maravillosa... 

Pero tiene a veces complicaciones raras.

Ya les he platicado lo afortunado que soy porque tengo un trabajo en el que viajo de manera constante (ver este link y este link), mismo que me ha permitido conocer buena parte del República Mexicana; también yo por mi parte he hecho viajes por mi cuenta y he tenido la oportunidad de ir a lugares increíbles.

Pero viajar representa riesgos que quizá se puedan asemejar a los que te enfrentas cuando te gusta la vida nocturna; esa que implica andar en la calle por placer, en la fiesta, en las horas nocturnas. 

En general cualquier cosa que sea salir de tu pueblo, cualquiera que este sea, significa riesgos.

Perderte, enfermarte, que te caiga mal la comida, por ejemplo. 

Viajar de trabajo, aunque suene, digamos, glamuroso (miren esta historia de un chilango en... vivo), en realidad implica varios inconvenientes: no dormir, viajar en domingo, dormir en aeropuertos, correr para no perder vuelos, viajas en carretera - y en México esto es altamente riesgoso, sobre todo de noche- mal comer -o de plano no comer-, no encontrar hotel decente; tener poco tiempo, entre otras linduras. 

A veces pasa que encuentras carreteras con casetas tomadas, con accidentes; o vuelos que vienen con horas de retaraso, sobrevendidos o, simplemente asientos súper incómodos; y aunque estas cosas pueden parecer dramáticas, en realidad son parte del encanto que tiene cada viaje y puede ser también muy divertido (¡ja! Miren).

Me ha tocado en aeropuertos, por ejemplo, perder conexiones, correr de un avión a otro por toda una terminal kilométrica porque la conexión solo te espera a ti para despegar; que la aerolínea por sus aguacates te cancele un vuelo. 

Hace poco llegue a las diez de la noche al aeropuerto en Tijuana -recordar que respecto del centro de México son dos horas menos- para tomar el avión a las 2 de la mañana -hora de TJ- y llegar a mi destino en un vuelo de 3 horas. Hagamos cuentas: en el resto del mundo... bueno de casi todo México, mi vuelo salía a las 4 de la mañana y llegaría a mi destino a las 7:30 de la mañana, más o menos. 

Generalmente tengo sueño pesado y los vuelos no me lo espantan, así que una vez que me subí al avión caí en la profundidad de los brazos de morfeo -la verdad es que no pude dormir durante la espera y mientras, edité este video- el caso es que cuando desperté estaba cargando gas en... ¡Huatulco! 

Miren, me había pasado en el metro de la CDMX que por dormirme le di dos vueltas a la línea tres (la verde) y en otra ocasión, otras dos a la uno (la rosa); es más, una vez me subí en el camión que va para Ciudad Universitaria (la UNAM) y desperté en el Cerro del Tesoro... pero ¿Huatulco? es un exceso. 

Total que un vuelo de tres horas se convirtió en uno de seis y media. Gajes del oficio. 

En otra ocasión perdí un vuelo en un viaje de tres ciudades en tres días; solo llegué a dos ciudades. Pero estuvo complicado, la verdad es que aunque suene a pretexto, ese vuelo lo perdimos como cuarenta personas -no exagero- que llegamos tan solo diez minutos antes de la hora programada para partir, no para abordar, por un problema de tráfico intensísimo e inusual. 

La gente estaba enardecida, con la clara intención de dar portazo, aun cuando ya nos habían asegurado que el vuelo ya había partido. Bueno, de plano, un masiosare aprovechó un descuido y se echó a correr hacia las pistas, porque, no sé en otros lugares, pero en México todavía hay aeropuertos que te bajan en  un lado de la pista... y a caminar a la estación -en serio, como Mauricio Garcés en película de los sesentas-. 

No me quedé a investigar como le fue, pero estoy seguro que sí eso lo hubiera hecho en un aeropuerto gabacho, hasta de terrorismo lo acusan. 

Permítanme insistir: gajes del oficio. 

En fin, me pongo a recordar esto justo en un viaje de esos en los que pasan cosas raras: estoy sentado en una cafetería en una terminal áerea que parece de autobús, esperando el vuelo que sale de madrugada, recibí noticias personales buenas y me preparo para una larga noche...

Les digo...

Y ustedes queridas y estimados lectoribiebers, ¿cómo les va cuando viajan?

---Alexred---

jueves, 24 de noviembre de 2022

El placer de leer... (de la serie Vamos a dar una vuelta al cielo...)

Una de las habilidades que adquieres cuando desde pequeño usas transporte público, es la de leer durante los traslados. Ya sea para estudiar o por recreación, pero la lectura en el micro, camión, trolebús o metro ayuda a adelantar tareas y crea una sensación altamente satisfactoria de que estás aprovechando el tiempo -sobre todo si eres inquietito o un poco maniático... como yo comprederé-.

Una vez me pasó que yendo (de ir) de la casa de Pepe a la facu, iba (de ir) leyendo Crimen y castigo, de Fedor Dostoievski, en una edición de esas viejas que, según me acuerdo es de Historia universal de la literatura, esa que viene en dos tomos; y pues, yo solo traía uno: el primero, que era el que venía leyendo y según yo nunca se iba (tambien de ir) a acabar.

El caso es que en la última parte de este primer tomo se pone buena la historia y me clavé tanto que, de pronto, en serio, de la nada, sí se acabó el tomo y yo así de que con la taquicardia y picado con la lectura y sin poder continuarla, al menos no ese día.

Ya más grandecito me pasó con El Conde de Montecristo, pero ahora ya era yo un orgulloso elemento de la población económicamente activa, y saliendo del trabajo, tomé el metro, y como me aventaba casi toda la línea rosa, llevaba mi librote escrito por monsieur Dumas; y otra vez, bien clavado leyendo atentamente que el viejito se murió y como se le ocurre escapar, yo de traje, con abrigo, el pelo relamido porque lo traía largo, taquicardia otra vez; y sudando por los nervios que me causaba la lectura; y entonces lo avientan al mar por el acantilado y... no les miento, sentí el vértigo de la caída y grite y cerré el libro y me sequé el sudor de la frente; cuando me di cuenta la gente -que por la hora y la dirección no era mucha, afortunadamente- se me quedó viendo como con curiosidad... creo.

En fin, esto sale a colación porque a propósito de que en los próximos 15 días tengo 5 viajes programados, y todos implican largos trayectos ya por aire, ya por carretera; en esos viajes generalmente leo a ratos; y la verdad es que avanzo bastante; por ejemplo, en un trayecto a Oaxaca me leí un libro de Saramago completito entre la ida y la vuelta.

Y justo, apenas ayer, en un vuelo a Tijuana, terminé de leer una novela que ha escrito uno de mis mejores amigos; no se lo he dicho, pero, pienso que estte último tramo es el mejor de toda la historia -la cual, por cierto, una buena parte se desarrolla en esta ciudad fronteriza; y me causo la misma emoción de los ejemplos de arriba, sobre todo porque las últimas dos letras de la novela son mis inciales... ¡No mames! 

Pasan los años y el placer de leer no se termina... y sus sorpresas tampoco.

---Alexred---


jueves, 17 de noviembre de 2022

Serendipia... (de la serie Filantropías esporádicas...)

 Hay emociones que no se pueden explicar... pero sí narrar.

Aún y cuando el mundo parece girar como en unos de estos juegos mecánicos qe te hacen sentir como si te metieran en una licuadora: agitado, molido, revuelto, destrozado, etcétera; aún en medio de la recesión económica y la guerra en el mundo; incluso más allá del $%&" COVID 19; a pesar de todo eso, siempre hay cosas, momentos que pueden llenarnos de felicidad, o al menos, aliviar la carga pesada de nuestro día a día: 

Un saludo a la mitad de la calle; un mensaje de una persona en la que has estado pensando; recibir una buena noticia; pensar en lo que vas a hacer hoy que saliste más temprano de trabajar; preparar tu partido de futbol del fin de semana; encontrar un billete en la chamarra que tenía meses que no te ponías; caminar de la mano con tu pareja; tomar una cerveza con un amigo al final de la jornada; alcanzar despiertos a tus hijos o hijas o ambos; recibir lengüetazos de felicidad de tu perro; que tu gato se te acerce con la colita parada; encontrar un pájaro en la calle y ayudarlo a levantarse; voltear al cielo y mirar al sol ponerse; o ver pasar una estrella fugaz...

Un flash back de un momento de la infancia; escuchar por ahí tu canción preferida; una llamada de tu abuela; recordar de repente algo que habías olvidado; encontrar un lugar para sentarse en el vagón del metro; recibir noticias de tu mejor amigo; un café por la mañana; un colibrí en tu ventana; una foto muy especial apreciendo sin razón en tu teléfono; tener una epifanía; saber que ya vas a llegar a donde te diriges; leer un fragmento del libro que te acompaña; recibir una buena calificación en la escuela; escribir la útima línea de tu ensayo; escuchar en vivo o por teléfono un te amo...

Decidir rescatar un gatito que te encontraste en la calle; ser rescatado por un gatito que te encontraste en la calle; que alguien te invite a ver una película; escuchar una frase de agradecimiento; encontarte en la tiendita tu dulce favorito...

Hoy fue un día pesado; pero me dio tiempo de disfutar dos cosas de estas que no esperas: 

  • Dos videos de como una mujer mexicana, atleta, ganó la semifinal, primero, en el último segundo y la final después, del torneo Mundial de Tae Kwon Do; casi lloro de la emoción en la semi y se me enchinó la piel de ver el triunfo y su festejo: y, 
Una bobada:
  • En el cajón de mi oficina, al sacar la bolsa con dulces para rellenar el contenedor que tengo para las visitas, me encontré ¡un bubulubu..!
Jajaja. ¡Me dieron tanto gusto! que hasta una entrada en el blog ha merecido...

Días así son redondos -sobre todo si tomas en cuenta que en este momento sigo en la oficina-, ya si te ganas el premio gordo de la lotería es vanidad...

¿A ustedes que los mueve?

---Alexred---

viernes, 11 de noviembre de 2022

Volar... (de la serie El mundo unido por un balón...)

El sábado volé...

Casi todos los niños de niños queremos ser futbolistas de grandes. Esta es una verdad casi absoluta y de alguna manera, todos lo intentamos hasta que se nos chinga la rodilla. 

Pero, lesiones -pretextos, causas, motivos- aparte, el futbol, como casi cualquier actividad deportiva, ayuda a desarrollar el carácter, algunos valores importantes para la vida y rasgos de nuestra personalidad.

Yo, por ejemplo, le perdí el miedo a los golpes, recibiendo balonazos y alguna que otra patada durante los entrenamientos, aprendí a plantarme frente a las personas y proteger mi espacio personal y despues de eso me volví loco y pude jugar otros deportes de contacto a nivel de competencia amateur.

Una de las lecciones más importantes que aprendí de un entrenador fue cuando nos dijo que "todo el mundo juega futbol, pero eso no significa que sepa jugar futbol, y entonces ahí están ustedes corriendo buscando espacios, con técnica, que parece que los que nos saben jugar son ustedes", y eso aplica para la vida.

Ahí anda uno tratando de hacer las cosas bien y de pronto volteas y todo el mundo está hecho un pinche desmadre, transando, haciedo las cosas más o menos -en realidad menos que más-, administrando la pashuatez -consciente o no-. 

Pero esa es otra historia...

Déjenme regresar: Con el Mundial en puerta, no puedo dejar de pensar lo que el futbol me ha dado: satisfacciones; triunfos; liderazgo; trabajo en equipo; uno que otro madrazo -físico y espiritual-, buenas relaciones públicas (¿o a poco creen que solo con el golf o el tenis se puede?); y también amistades importantes.

Perder esta idea de que el futbol nos va a dar de comer, perdida en el momento que se nos rompió la rodilla, no impide que sigamos disfrutando de jugar, con pasión. Se sorprenderían de ver las ligas de barrio de las personas de más de 60 años.

Yo, después de que casi juego de manera profesional, y que cada vez que veo un balón me vuelvo loco, dejé de jugar mucho tiempo. De hecho, deje de hacer ejercicio mucho tiempo. Y cuando se me presentó la oportunidada en un nuevo trabajo, organicé el equipo y me apunté como portero, cuando la última vez que lo hice fue a los 8 años, con la única finalidad de jugar todo el partido -por aquello de la (falta de) condición : ¡Vaya sorpresa! resulté buen atajador.

Yo que toda la vida jugué de delantero goleador, encontré que la portería es igual de relevante que la delantera: en realidad no hay diferencia entre anotar un gol o evitarlo; entre fallar frente a la portería o teniéndola detrás. Ambos, -yerros o aciertos- se ven reflejados en el marcador. 

Pero lo más importante uno puede volar...

No es lo mismo soñar que vuelas como Superman, el Hombre Araña o Hulk -sí he soñado que vuelo así, de a brinquitos, jeje- que lanzarte en serio para detener una pelota... lo había hecho de manera muy vertical, como portero profesional, se los prometo, pero lo del sábado pasado... ¡uf! 

Clarito sentí como me impulsé, con la estirada de brazos me levanté del piso, detuve el balón y caí rodando. De hecho, la caída me dio una idea del tamaño del brinco, pero no lo tenía taaan claro. Hasta que me lo contaron: según yo me lancé para sacar el balón que iba pegado al poste y lo alcancé; pero me dicen que en realidad lo saqué del ángulo (sí, sí, de donde dicen que las arañas hacen su nido), lo que significa que brinque más de 2 kilos de tortilla. ¡No mames, volé!

Se acaba el año y con él, la temporada;  comenzaremos a jugar liguilla -porque clasificamos por primera vez en tres años- y ya les contaré como cerramos el año: ya como delantero, ya como portero. El chiste es disfrutar el juego... y seguir volando. 

---Alexred---