martes, 23 de abril de 2024

De viajar y (mal) dormir, o no... (De la serie Bitácora de viaje(s)...)

Generalmente romantizamos los trabajos que te mantienen de viaje. Y no me quejo, solo me gustaría platicarles unas anécdotas que tienen que ver con viajar de trabajo y los placeres que no tiene esta modalidad., por ejemplo dormir o no dormir...

Miren, viaje recientemente a Campeche, una ciudad pequeña pero muy bonita; tiene un gran problema de conectividad aérea, y como en México todas las rutas llevan a la capital del país -Chilangotitán, pues- Campeche solo alacanza un par de vuelos al día quizá tres y no diario; y el vuelo de la mañana es, en serio, de madrugada, a las 6:30 horas. Así que toca ver el amanecer a las 5:40 en la sala de espera. A esto hay que agregar que tienes que llegar al aeropuerto entre 2 y 1.5 horas antes, más los 20 minutos de distancia del centro a la terminal aérea, y como tuvimos una jornada larga de trabajo, en realidad solo te quedaron tres horas de (mal) sueño, y ya te levantas con la maleta casi lista a bañar para salir fresco a las 4 de la mañana. 

Y entonces recordé otras ocasiones en las que mal dormí y son dignas de contar. 

Comencemos con los antecedentes -y no, no es Mesopotamia-. Recuerdo que los viajes largos en mi adolescencia, los hacía en autobús -porque estudihambre- y me gustaba viajar de noche, para llegar temprano a mi destino y disfrutar lo mejor posible el primer día de estancia. De esta manera hice viajes a Acapulco, en Guerrero, con los amigos, a Ciudad Victoria,  Tamaulipas, cuando todavía se podía, a visitar a la familia. También fui a Mérida pero el viaje en camión era de 24 horas. 

En viajes en carretera en automóvil, casi siempre si no manejo yo, me duermo -ya desde tiempos remotos, jeje-; ahora, a veces, si me siento con sueño y voy manejando, prefiero hacer una pausa -siesta- de 20 minutos en alguna gasolinera o lugar concurrido. 

En los aviones, generalmente siento el cambio de presión una vez que comienza a elevarse y ¡hasta la vista, baby! a-dor-mir. 

Esto genera riesgos (o más bien, sopresas): en una ocasión, de regreso de un viaje con mis ahora compadres a Veracruz -y otro wey- viajamos de regreso a CDMX de noche con el objetivo de llegar como a las 4 de la mañana. El camino era por Cumbres de Maltrata -cuando se podía hacer eso- y, de pronto, me desperté a la mitad de un derrapón que nos hizo dar vueltas como trompo, ocasionado por una mancha de aceite en plena bajada. 

Imaginenme yo así de ¡nomames!¡nomames!¡no mames!

Afortunadamente no pasó nada más que el susto, entonces, seguí durmiendo. 

Otra: hace poco, en un viaje de trabajo, la ruta era del lugar de mi exilio a Saltillo -vía Monterrey porque así es el libre mercado- y de aquí en vez de regresar a mi lugar de origen, directo a Tuxtla Gutiérrez, en el hermoso Chiapas y, ahora sí, de regreso a mi exilio vía CDMX porque ya les he dicho que queda de paso...

El chiste es que, por razones ajenas a mi control (pueden leer y escuchar el chisme completo aquí: y aquí) perdimos el vuelo a Chiapas, entonces decidimos regresar a nuestro origen y el vuelo salía por ahí de las 6 de la mañana siguiente (eran como las 10 de la noche cuando compramos el billete de avión derrotados por nuestra pérdida del vuelo). Ya no se podía ir a ningún lugar, así que decidimos esperar en la sala del aeropuerto, sentaditos en la cafetería que, afortunadamente, no cierra nunca. 

No se acaba aquí la historia, y esta parte creo que no la he contado: por fin accedimos a la sala de espera para abordar el avión con suficiente tiempo, nuestro transporte salió puntual y como no había dormido y el cambio de presión en la cabina, a dormir pues, en cuanto despegamos. 

Cuando desperté el avión estaba aterrizando en... ¡Huatulco! Otra vez ¡nomames!¡nomames!¡nomames! Nada que ver con nuestro destino.



Que les digo, son los gajes del oficio -y ya hemos platicado de esto-, que se convierten en historías para contar...

A ustedes, ¿les gusta viajar?¿les ha pasado algo extraordinario sobre los viajes?

Les leo...

---Alexred---  

 

viernes, 29 de diciembre de 2023

Cartas y mails... (de la serie Baúl de los recuerdos)

Hace unos días hice limpieza de un cajón donde guardo cosas que me recuerdan diferentes etapas de mi vida; encontré boletas de calificaciones de mi larga vida académica; exámenes; fotos; detalles que recibí; estampas de álbumes; pendejaditas y cartas, muchas cartas.

Resultó muy interesante ver como una manera muy efectiva de comunicarnos -al menos en las décadas de los 80 y 90s del siglo pasado, era a través de las cartas y notas de todo tipo: de amistad; amor; friend zone; para reclamar; disculparse; declararse; agradecer; felicitar... ¡puf! 

Además, en cualquier presentación: tarjetas, post its, hojas blancas; hojas sueltas; hojas de cuaderno; cartulinas; en sobre o las hojas perfectamente dobladas con una creatividad que dificultaba regresarlas a su estado original. 

Tengo cartas de compañeritas de la primaria que me dicen cuán contentas estaban de contar con mi amistad; muchas cartas y tarjetas de la vecina con la que compartimos tiempo y espacio en una niñez muy feliz y un amor de esos que si lo piensas ahora, lo llamaríamos platónico; cartas de novias que me cortaron así de lejitos y de muchas personas en la secundaria y preparatoria; incluyendo ese primer amor.

Hace poco me preguntaba porque me gusta tanto hablar y escribir sobre las cosas que pasan en la vida cotidiana; me parece que en esto que encontré en mi cajón está la respuesta: pertenezco a una generación, quizá la última que tenía en el papel y la pluma un poderoso medio de comunicación y muy diferente a lo que poco tiempo después significaron los mensajes en el celular y los correos electrónicos.

Precisamente, sobre estos últimos, recuerdo como fueron sustituyendo al papel, la facilidad para llegar a las personas los convirtieron en una muy, muy práctica manera de comunicarse: podías enviar esas cadenas de chistes -u otras cosas- y sentías que estabas en contacto con mucha gente. 

Yo los utilizaba para enviar mensajes masivos, lo mismo cadenas de chistes (jeje) que anuncios y felicitaciones de fin de año. 

Espero poder subir algunas de esas comunicaciones, como ejemplo de lo que se vivía a principios de siglo, y espero poder escribir aquí sobre este fin de año. 

Miren todo lo que evoca una espulgada al cajón de recuerdos, y ya no les digo sobre mis calificaciones: encontré boletas de primero de primaria, examenes del último año, las evaluaciones de diagnóstico cuando entré a la secundaria de la UNAM, bueno, de pronto encontré examénes de la especialidad, y esa ya la hice... no mames! ni tan reciente; ya pasaron 12 añitos... ¡uf! recuerdos y más recuerdos que, insisto me dan temas que platicar aquí y quizás en el canal...

¡Feliz año! Les escribo pronto.  

---Alexred---

lunes, 27 de marzo de 2023

Subconsciente... (de la serie Vivir sin aire...)

Apenas, en la última entrada de este blog (aquí pues) escribí sobre la experiencia de (casi) morir y la nada que la acompaña; esa oscuridad y silencio que siguen al acto de estirar la pata. 

Sin embargo, me quedé con un saborcito de boca agrio después de que un gran amigo me escribió: 

"Ya me lo eché, y qué crees Carnal yo si ví mi vida en fracciones de segundo cuando iba a morir ahogado, pero esos temas son muy subjetivos, lo único que sé es que a Dios gracias aquí seguimos cumpliendo nuestro objetivo de vida y la hora de dejar este mundo terrenal pasará cuanto tenga que pasar..."

No he platicado con él para saber el momento exacto de su visión, si fue antes de perder el conocimiento, lo que significaría que su visión fue parte de eso que antecede a la muerte y llamé accesorio; o si además pasó por un proceso de reanimación y fue antes de, digamos, regresar, donde se le presentó la película de su vida. 

Y entonces, sí hubo algo: una manifestación del subconsciente o algo parecido. 

Pero, me parece querida lectrora, querido lector, no una señal que nos indicara que hay algo más allá: un camino, una luz o un destino final. Sigo pensando que solo hay oscuridad... y silencio. 

No obstante, estas manifestaciones del subconsciente que se niega a dormir, yo también las he vivido. 

Les cuento: Estaba yo en el segundo año de preparatoria, al final del año de 1995. Había pasado la tarde en casa de mi amiga F, en el oriente de la ciudad, y me fui de ahí rumbo a casa de mi amigo JC -que, por cierto, fue quien me escribió el mensaje que reporduzco líneas arriba-; y de ahí nos iriamos a casa de las novias, -como nota al pie: eran hermanas- para, finalmente, irnos de fiesta pues viernes. 

Cosas de la conectividad en el entonces DFectuoso, un viaje de un camión y un pesero me llevaba de casa de mi amiga a casa de mi amigo. 

El punto es que no llegué a este último destino. Básicamente porque me atropellaron justo en el transbordo...

Sí, me atropellaron. 

Un camión de una y media tonelada que venía de la Central de Abasto me empujó y afortunadamente caí sobre la banqueta, sino, estoy seguro, el conductor se hubiera regresado a rematarme; ya ven que en México se dice que sale más barato un muerto que un herido -creencias de gente pendeja *dijo la señora-. 

Gente Pendeja Pendeja GIF - Gente Pendeja Pendeja Creencias De Gente Pendeja GIFs

En fin, lo que recuerdo es que me bajé del primer camión en la parada correspondiente, una glorieta en avenida Año de Juárez, en la orilla del mero corazón de Iztapalapa; atravesé la primera parte de la glorieta caminando, normal, y en el segundo tramo, para alcanzar el segundo transporte, se me ocurrió por la prisa, atravesarlo en diagonal y ahí alguien alcanzó a gritarme "¡cuidado!"; yo volteó a ver y ya tenía el camión encima, pero haciendo gala de unos buenos reflejos, alcancé a dar un salto para atrás y, como basquetbolista, profesional crucé los brazos sobre el pecho y me preparé para recibir el golpe. El camión me alcanzó a pegar con la esquina del cofre -gracias al salto pro- pero no me libré del espejo, que generalmente esta muy despegado de la puerta para sortear la caja de carga. Éste me golpeó en el brazo y en la cabeza y, supongo, fue el que me empujó hacía donde terminé tirado, ensangrentado y madreado, en medio del camellón. 

Lo curioso es que lo recuerdo así por el registro hecho por mi subconsciente. 

Me explico. Todo lo que les describí estuvo antecedido por una discusión con mi amiga F (que en la realidad no hubo), el trayecto completo y, cuando recibí el golpe en la cabeza, desperté tirado y con la vista empañada por la sangre. Una vez que pude enfocar lo suficientemente bien para ver la calle en la que me encontraba, traté de levantarme y en ese momento una señora me dijo que no lo hiciera, que ya había llamado a mi casa y que ya venían a auxiliarme. 

¡No mames! ¿Cómo así? Si no llevaba ninguna identificación -la semana anterior me habían asaltado, si ya sé, mucho drama y un toque (toquesote) de mala fortuna-. 

Le pregunté de mi ronco y puteado pecho: -¡ah chinga! y quién le de dio mi número. La respuesta - Tú, te pregunté y me dijiste este número 656... ¿sí es ese?- preguntó. 

Y yo otra vez así de: ¡no mames..! Respondí -Sí, sí es. 

Es decir, yo atropellado, mayugado y herido, mientras soñaba que me peleaba con mi amiga F y recreaba el accidente, le recité a pregunta expresa mi nombre, el de mi madre y mi número de teléfono; y esto es algo que no tengo registrado en mi memoria. 

Mi cuerpo puteado y mi mente trabajando a mil por hora; vamos, que alguien tenía que responder ante la emergencia. 

Así que otra vez, no morí, no sé si estuve cerca; pero sí sé que estuve inconsciente y que mi mente no se detuvo a pesar del madrazo. 

Punto para la oscuridad y el silencio que -parece- sobreviene a la hora de morir.

Ustedes ¿que opinan? 

---Alexred---

miércoles, 22 de marzo de 2023

Morir... (o casi) (de la serie Vivir sin aire...)

Siempre que escuchas hablar sobre experiencias de encuentros cercanos con la muerte, la gente platica historias de como han visto pasar su vida completa en una fracción de segundos; o sobre seres de luz o seres de oscuridad que los rondan; o sobre imágenes de lugares increíbles, una especie de paraíso con mucho brillo o algo así...

Yo casí muero y les puedo decir que no vi nada.

Quizá la diferencia está en el "casi"; y no es menor, sin embargo puedo decir que es una expeiencia muy cercana y, efectivamente, no hay nada. 

Recuerdo un libro que leí de Ken Follet, se llama "Los pilares de la tierra", y cuenta la historia de dos albañiles -papá e hijo- en la temprana Edad Media, empecinados en construir una catedral. En algún momento de la historia se hacen de enemigo a un feudal, que en otro algún momento, ataca la aldea con sus secuaces, y aquí el narrador describe como, con un golpe en la cabeza, muere el papá entre la multitud: un golpe seco y lo que siguió fue la oscuridad. Nada más. 

Así pienso que llega la muerte a la mera hora. 

Y es que todo lo demás, y me refiero a lo que antecede a morir, desde una agonía convulsa hasta una muerte sorpresiva, fulminante, instantánea, no es la muerte en sí, sino un accesorio que la acompaña, para bien o para mal. 

Entonces, pues, un suspiro, un instante en el que todo se apaga y no vuelve a prenderse. 

Les cuento: estando ya en la plancha me colocaron la anestesia - un pinchazo y vas a sentir sueño casi inmediatamente, dijo el doctor y así fue. 

De pronto, no sabía cuanto tiempo había pasado, pero comencé a escuchar las voces del doctor y de su equipo. Mi primera reacción, recordando esa película que habla de las personas que sí se duermen con la anestesia pero su subconsciente no y se mueren de la angustía por lograr que los doctores se den cuenta antes de abrirles, fue abrir muy bien los ojos e identificar que partes de mi cuerpo podía mover para llamar la atención de los doctores; funcionó -según recuerdo- por que clarito escuche como sí se habían dado cuenta que estaba despertando. 

Una vez conseguido el objetivo me pude concentrar en otros temas: para empezar, ser consciente de que no podía respirar, ni hablar; principalmente porque mi cuerpo no tenía presión -como después me enteré- pero también porque tenía un tubo metido en la garganta. 

Fueron en total como 60 segundos de angustia, de deseperación, de miedo. Inmediatamente después me volvieron a dormir y entonces sí la inconscienca y la oscuridad. 

No desperté sino hasta cerca de doce horas después, en terapia intensiva. Resulta que primero se me subio la presión, hasta el décimo piso del hospital -tiene 10 y yo estaba en la sala de operaciones en el primero-, por eso me despertaron -es decir, que mi desesperación era infundada, pero que iba yo a saber-; y cuando me despertaron mi presión se fue a la sima, por eso me volvieron a dormir -por eso y porque me tenían que operar-. El punto es que me puse mal, muy mal y yo ni siquiera me enteré. 

Es decir, pude no haber despertado y ahí se hubiera acabado mi historia. Sin ver nada, sin que se me revelara nada... ni nadie. 

Afortunadamente desperté, y bien; mayugado por la operación y por supuesto por el paseo en montaña rusa de mi presión, mis niveles y todos sus amigos.

¿Significa algo?

Como dijo el poeta: no lo se de cierto, pero lo supongo. Y aunque parezca un lugar común, el tiempo lo dirá. 

Mientras tanto seguimos aquí, contando historias... y también aquí en YouTube jeje.


---Alexred---

viernes, 17 de febrero de 2023

Brillo... (de la Serie: Impresionismo...)

Dicen que si observas las primeras pinturas de Renoir o Monet -grandes maestros de la pintura impresionista- y las comparas con las últimas, puedes ver un cambio importante en el brillo de los colores con los que, a su manera, veían la vida. ¿Qué significa? Pues, que su registro del mundo, esa manera vívida que al final plasmaban en sus maravillosas obras, paulatinamente fue perdiendo su brillo y esto, al momento de pintar, se refleja. 

La explicación  es simple: el tiempo no perdona, y los ojos -como todos los órganos del cuerpo- van perdiendo la capacidad de observar con el brillo de unos ojos jóvenes. 

Nos hacemos viejos completamente. 

Traigo el tema a colación porque recientemente viaje a un lugar del que ya les he hablado antes -denle click acá-: el majestuso estado mexicano de Chiapas. 

Un lugar al que siempre me gusta regresar; y es normal, finalmente uno regresa siempre a donde se siente agusto y lo tratan bien. 

Una de las tantas maravillas que tiene este lugar es la cantidad de tonalidades de verde que puedes ver en un solo lugar; verde por todos lados, incluidas las ciudades.

Por eso me preocupé -mucho- cuando saliendo del aeropuerto me encontré con una buena parte del paisaje de un color café que no me había tocado ver en los hermosos paisajes que recuerdo. Inmediatamente me vino a la mente que a mis ojos ya les estaba ocurriendo aquello que les platico al inicio de este post: el incontenible, irremediable, paso del tiempo...

De pronto pensar que, así de la nada, mis ojos estuvieran perdiendo su capacidad de observar el brillo de los colores o lo colores mismos, me aterró. Y no es que por mí no pase el tiempo, pero tampoco es como que el pasado soy yo. Así que esperé para -quizá- alcanzar a ver esos colores tan espectaculares...

Afortunadamente, para mi propio ánimo, los colores aparecieron, por todas partes menos en la salida del aeropuerto, y ya con más calma pude reflexionar sobre lo ocurrido: al final, querida lectora, querido lector, nunca había visitado Chiapas en invierno, sin lluvia; y eso es un factor importante. 

Así que mi percepción del mundo seguro ha cambiado, pero no tanto como para preocuparme, y el viaje me permitió medir un poco la temperatura social, visitar San Cristóbal de Las Casas y hacer un recorrido por el impresionante Cañón del Sumidero, del cual hice muchas tomas que pronto las subiré al canal

Todo bien.

---Alexred---

lunes, 30 de enero de 2023

Días de enero... (de la Serie Yo no olvido al año viejo...)

Lo malo de que acaba un año, es que enero nos estalla en la nariz. con su larga y pesada pendiente. 

La cuesta de enero significa que todos vamos -en bola- en una pendiente hacia arriba después de la orgía festiva y consumista que significó diciembre y sus infinitas fiestas: actualización de tarifas de bienes; servicios; alimentos; energéticos y hasta impuestos.

El regreso a la escuela o a las actividades laborales porque, como cristianos que somos, aprovechamos unos días para descansar -siempre y cuando se pueda, ¿verdá?-. 

Reiniciar semestre o año lectivo en la escuela, no lo sabíamos pero nos preparó mentalmente para iniciar el año fiscal para cuando nos incorporaramos a la planta productiva o a la burocracia. 

Solo de describirlo uno se agota. 

A este tortuoso camino que año con año tenemos que pasar, hay que sumarle que parece  que a enero le han agregado unos cuarenta o cincuenta días más; es decir, que el mes dura mucho, mucho más; lo que le da una sensación de "larguedad" tan innecesaria como agónica. 

Curioso es el hecho de que en lo personal no recuerdo haber escuchado o sentido en el ambiente -me refiero a la gente- esta sensación de infinitez sino hasta apenas hace tres años. 

El fatídico 2020 inició con un mes de enero que tuvo 85 días y el anuncio de que el mundo entraba, oficialmente, en una crisis de salud provocada por un virus de origen desconocido que encendía además, una alerta epidemiólogica, cuyos efectos aún seguimos sufriendo -sin dejar de mencionar los que aun no conocemos-.

Es decir, a la ya de por sí difícil cuesta de enero, teniamos que agregarle kilometros (días) y kilometros (más días) de distancia. Suena más duro todavía si nos imaginamos pasados de peso por partida doble: la tragazón navideña y los gastos realizados durante la temporada.

Pero como humanos capaces de no aprender de nuestros errores que somos, 2023 ha iniciado con esa sensación de que este enero tiene 90 días; y la nota en el periodico me recuerda la tragedia: la Organización Mundial de la Salud ha informado que seguirá con la alerta epidimiológica al máximo; después de que a finales de noviembre declaró que estaba por terminar el riesgo. 

Les digo, la tragedia... 

Yo, querida lectora, querido lector, como siempre, sin ánimo de decirles de manera impostiva qué hacer, le aconsejo que se lo tome con calma. Ultimadamadresmente, enero acabará cuando tenga que hacerlo y podremos irnos libre y agustamente a entregar al sufrimiento y horrores que nos deparan los demás meses. 

Recuerde siempre que febrero tiene solo 28 días y un feriado y después viene el fin de año.

Sea feliz.. 

En algún lugar de la República Mexicana a 85 de enero de 2023.

---Alexred---

jueves, 19 de enero de 2023

Chou bisnes... (de la serie La caja idiota...)

La industria del espectáculo ha logrado consolidarse en la nueva realidad, las nuevas reglas, las nuevas maneras de hacer contenido, que trajeron consigo las plataformas de redes sociales que llegaron con el internet.

No solo obligaron a empresas -y a empresarios-, a técnicos y actores/actrices, conductores, creadores, productores e intérpretes (etecétera) a adecuarse a estas nuevas maneras, sino además le han dado la oportunidad de sobresalir y mostrar su contenido a personas que, en medios tradicionales jamás hubieran sido tomados en cuenta. 

Entonces, vemos un sinfín de personas subiendo contenido a la red teniendo como única limitación el tamaño de su creatividad; en este sentido, podemos incluso discutir si nos gusta o no, al final es eso: una cuestión de gustos.

Pero también nos encontramos con el uso de fórmulas "probadas" por la antigua televisión que pueden ayudar -o no- al propio contenido; tanto en términos de recusos técnicos, económicos y administrativos, como en marketing y desarrollo de las marcas. 

Tal es el caso, por poner algunos ejemplos, de canales de estrellas de la TV que inician con el apoyo de sus televisoras y, conforme van subiendo el raiting, van obteniendo mejores recursos, amén de que por sí solos sus nombres ya son reconocidos, lo que los coloca en mejor posición frente a otros creadores de contenido (y no digo que esté mal). También vemos el uso de personajes, una especie de alter ego que le permite a su creador decir o hacer cosas que normalmente no se atrevería. 

Tambien hay los casos de los escándalos, sacar provecho del morbo que le genera a la gente que una persona, con algún nivel de fama, arme un escándalo; ya sea por que sí lo esta viviendo, es decir, es real o por que se lo inventa (es decir, no es real) o, simplemente, lo fabrica.

El objetivo es volverse tendencia, que el mundo hable solo de eso, generar visitas, reproducciones; generar, pues, fama... y dinero, mientras las personas pelean por defender una posición u otra; o se cuelgan del trending y, con la facilidad que nos brinda internet de meternos en todo, opinan o hacen chistes o algo que permita ser sal-picados con un poco de ese éxito o simplemente, llenar ese huequito que genera esa necesidad de sentir que pertenecemos al grupo aunque gritemos todo el tiempo que somos diferentes.

Como en esta entrada...

Hoy vi un collage en estas redes sociales que decía -más o menos- que en México nos quejamos cuando en el extranjero nos dicen que somos idiotas por "la basura" que consumimos, pero internamente, no dejamos de hacerlo, y tenía como fondo las fotos de personajes de, digamos, dudoso talento pero bien pinches famosas.

Así era la televisión, ahora, en estos ataques de sinceridad, los mismos personajes hablan de como "engañaban" (es un decir, ya que, ¿qué es la televisión sino una producciónde entreteniemiento?) al público para ayudar a su rating.  

Pero no es un tema exclusivo de México, pasa en todo el mundo; el negocio del espectáculo vive de los reflectores, del estruendo y, con la llegada del internet y sus plataformas sociales, de los likes, las vistas. las tendencias. 

Lo que sí tenemos que hacer, querida lectora, querido lector, es aprender a discernir entre lo importante y lo que importa; y, por supuesto, lo que no. 

Una de los presupuestos más importantes del ser humano es el la capacidad de decidir, saber que lo que consumimos es tan importante para la salud del cuerpo como para la mental. Diferenciar entre un problema de fondo y el simple chisme o, solo tomar el teléfono para entretenernos no tiene porque ser una actividad idiotizante; ni mucho menos conflictiva.

Recuerde, por ejemplo, que mientras los medios lo orillan a ser "team Shakira o Piqué" a ellos usted les importa un carajo, y siguen facturando lucrando con un conflicto que debería ser privado, de personas públicas; o que nada, créame, nada de lo que pasa en el chou bisnes y se hace público, ha sido por mera casualidad... 

Como en la política, pero este ya es otro tema.  

---Alexred---

viernes, 30 de diciembre de 2022

¡Feliz año 2023! (de la serie Yo no olvido al año viejo...)

Los fines de año marcan finales de ciclos. La gente aprovecha para reiniciar su catálogo personal de propósitos -más bien deseos- a cumplir y los medios de comunicación hacen un repaso a los acontecimientos más importantes, los que dejaron huella, del año que se extingue. Siempre con la intención, sabida, probada, de que es una buena oportunidad para (re)comenzar: bajar de peso; hacer el viaje que tanto llevamos planeando; inscribirse al gimnasio; en fin... un largo e imaginativo etcétera, tan creativo como el conjunto de nuestra imaginación nos permita.

A mi me parece que sí sirven estos cortes; por ejemplo, podemos afirmar que nuestro mundo es completamente diferente al de hace 20 años. 

Nosotros mismos: ¿alguna vez, querida lectora, querido lector, se ha preguntado como se encuentra hoy respecto al final de año de, por ejemplo, 2002? ¿En que contexto se encontraba? 

¿A poco no, el mundo era otro?

Empezando porque no nos hacemos más jóvenes; las comunicaciones lo inundaron todo; la guerra seguía siendo un tema y yo entraba en una crisis existencial de la que no salí hasta varios años después.

Pero, igual podemos imaginar el año 1995; en México, fatídico, y ahora que lo escribo, en lo personal también. 

Sin embargo, la vida sigue, el tiempo pasa, las heridas sanan, las aguas tomas su cauce y mil lugares comúnes más. 

Recuerdo que durante varios años, envié mails a mis contactos deseándoles un buen nuevo año; y ahí les platicaba de lo bueno -o no- que el año que terminaba había sido para mi. Uno de los últimos mensajes fue el del fin de año de 2011; para mi, recuerdo que fue un año redondo; solo puras buenas cosas pasaron. Si lo encuentro lo posteo aquí, en una entrada, y no por presumir, sino porque recuerdo que tiene mensajes bonitos.

Y de eso se tratan los finales de año, al menos para mí: de agradecer a la vida la oportunidad de vivirla; de gradecer a mi familia por acompañarme y jugar conmigo; a los amigos, a las amigas, de permitirme la oportunidad de seguir juntos, como familia, como equipo; a las hojas sueltas por continuar hojasuelteando en esta vida en la que de manera soltaria sería más difícil; y los seguidores del canal y de redes sociales y de este blog, por ver las historias que, alrededor de Alexred, aquí se cuentan . 

Hay muchos planes; muchos proyectos; noticias interesantes; y también muchas, muchas cosas buenas que esperar.

Así que, a todos, a todas, feliz 2023. 

Nos vemos el año que entra.
*suena de fondo " yo no olvido al año viejo, porque me ha dejao cosas muy buenas..."*

---Alexred--- 

jueves, 22 de diciembre de 2022

La Navidad... (de la serie Misantropías pasajeras...)

En estos días la gente se pone, mmm, digamos especial y el mundo parece detenerse un poco.

Las apariencias engañan. 

Hace unos días, en el programa de los domingos para ser exacto, comentaba como, al menos en occidente, empapados de creencias judeo-cristianas, la fiestas de la natividad, la Navidad, pues, envuelven el ambiente con un halo de "paz" y "tranquilidad". 

Durante el inicio de la Primera Guerra Mundial, después de un impasse de varios meses, los soldados de ambos lados -de manera muy espontánea, se dice- celebraron una tregua en las que todos salieron de sus trincheras a festejar la Navidad con el enemigo -hay relatos que hablan de juegos de futbol-. Para después continuar con el horror, clásico, típico, histórico, de europeos matándose entre ellos (les recomiendo este post La historia universal como infamia: América Latina, aquí, en Lemon Tree). 

También el capitalismo consumista se ha apropiado de la temporada: compra masiva de regalos, cenas de temporada invernal, con un alto grado de contenido calórico, en pleno calor del verano austral, son un ejemplo de como se vive la magia de la Navidad, mientras disfrutamos una Coca Cola... por ejemplo.

Sin embargo, la fecha sigue siendo especial para muchos, la gran mayoría, pues se trata de un excelente pretexto para reunirse con la familia, cenar, convivir, previo al desmadre de la fiesta de fin de año, a la siguiente semana.

En lo particular, después de que murió papá, la Navidad dejó de significar algo. No olvido los momentos llenos de alegría y buena ondez con la familia de mi papá -momentos que, por cierto, se acabaron cuando él murió-. Tampoco olvido los regalos que que haciamos en la familia y, por supuesto, los que traía Santa, a quien le escribiámos cartas que colocabamos en las botas junto al árbol adornado con un chingo esferas y luces de colores. 

Hoy, prefiero pensar en el año nuevo, seguramente hablaré un poco de esto la próxima semana. Sin embargo, de un par de años para acá, he encontrado (o tal vez, reencontrar es el verbo correcto) un gusto particular por poner y adornar el árbol de navidad en casa, cenar con la familia y pasar un buen rato bajo el cobijo del pretexto de la celebración de Navidad.

Si lo miras con mayor detenimiento, no hay mucha diferencia entre el futbol y la navidad. Ambas celebraciones sirven para entretener, olvidar; en el caso del fut, te distrae semana con semana de los problemas que te agobian diariamente; la Navidad, permite olvidar por un momento que somos  una especie animal, cruel, grosera, individualista y, para los creyentes, hasta pecadora; capaces de cenar, beber y olvidar que después del convivio pelearemos a muerte como en la Primera Guerra Mundial. 

Recuerden siempre, queridos, queridas, diviértanse mucho, el entretenimiento nos los merecemos todos, siemptre, solo no dejen de pensar... Nunca, que eso es lo que se supone nos diferencia en el reino animal. 

---Alexred---


jueves, 15 de diciembre de 2022

Se acabó el Mundial... (de la serie El mundo unido por un balón...)

 ¨Todo el mundo juega futbol, pero no todo el mundo sabe jugar futbol..."

Ya les he platicado de esta frase demoledora que aplica no solo para el deporte de las patadas sino para la vida. 

Viene a cuento porque justo este fin de semana se acaba el Mundial de Futbol que se celebra en Qatar; un pequeño emirato árabe que ha tenido la fortuna de tener bajo su suelo un chingo de petróleo. Más aún, lo ha sabido explotar y hoy es un país muy rico que ha sido capaz de organizar la hasta ahora copa mundial más onerosa de la historia. 

Todo un mes de juegos diarios, de transmisiones en radio, televisión e internet; de comerciales, de discusiones de mesa; todo hasta el hartazgo; bueno, incluso los juegos de video han sacado provecho de la temporada, la cual por cierto, es atípica: normalmente, el torneo se juega en el verano del Hemisferio Norte; a mitad del año.

Podemos discutir muchas cosas sobre los motivos que llevaron el Mundial a Qatar; podemos discutir muchas cosas sobre las circunstancias en las que se organizó la Copa; incluso podemos, desde nuestra perspectiva judeo cristiana-occidental, discutir muchas cosas sobre el régimen político o las costumbres y cultura de ese país. 

Lo que no podemos discutir -me parece querida lectora, querido lector-, es la relevancia social en el mundo que significa el futbol. 

No voy a entrar en detalles de número para no aburrirles, pero ¿se pueden ustedes imaginar un costo alrededor de los 200 mil millones de dólares? ¿y que con estas cifras hay estadios que solo fueron construidos para la ocasión? es decir, terminando los van a desmantelar... 

Yo no. 

Sólo para tratar de dimensionar un poco, los mundiales de Rusia y Brasil costaron alrededor de 15 mil millones de dólares.

Con estos números, me queda claro que si es negocio y que el futbol es mas importante social y económicamente hablando de los que los detractores de este deporte consideran. 

Pero, como sabemos, todo acaba y el próximo domingo conoceremos al campeón, que saldrá entre dos equipos que, se espera por como han jugado, darán un gran espectáculo. 

Me quedo con la bonita impresión de la selección de Marruecos; con el increíble juego de los franceses y con la personalidad arrolladora de Leonel Messi. 

A mi que me gusta el futbol, me hubiera gustado jugar así. 

Y el próximo mundial será acá, en México, Estados Unidos y Canadá. Acá los esperamos...

Y a ustedes, ¿qué equipo les gustó más? 

---Alexred---


jueves, 8 de diciembre de 2022

Encuentros... (De la serie Encuentros cercanos del tercer tipo...)

Nunca me ha gustado tomarme fotografías con figuras públicas... con excepción de Chewbacca y Mickey Mouse. 

En serio. Miren: 




Tengo una suerte para encontrar y reconocer personajes de la farándula y de la política en la calle, que no me creerían las historias que tengo. 

No voy a entrar en detalles, pero, por ejemplo, a Jacobo Zabludowski me lo encontré tres veces, la tercera de plano si le pedí una foto --jajaja-- fue muy chistoso. 


En un viaje a Veracruz con esa cuatitud que más bien es familia, me encontré en el hotel a Mel Gibson, que estaba grabando por esos días la pelí que grabó en ese bello estado mexicano. 

Otra ocasión, el mismísimo Mario Almada, estrella del cine mexicano, me dio un rai hasta mi casa -me cae-.

Es muy común que en los aeropuertos de todo el país me encuentre con personajes de la política nacional. Una vez estaba esperando a personal de donde trabajo, otra vez en Veracruz; era el último vuelo de la CDMX y había un grupo de familiares esperando a niños y niñas que venían de intercambio de Canadá, con porras, mariachis, globos, en fiesta pues, y justo cuando estaban saliendo los niños y empezó la alharaca, como sincronizado, los rebasa un exgobrenador que fue querido y ya no. Ya entrados en festejos, el grupo le lanzó una porra, y el pobre hombre con prisa y -se notaba- queriendo pasar desapercibido, no se esperaba el alborto y se puso rojo, rojo... bueno, mas bien morado. 

Otra vez, ahora en el aeropuerto de Monterrey, mi exjefe venía platicando muy amenamente con Cepillín... hasta les tomé una foto. 

Recuerdo todo esto, porque hace unos días, en un viaje a la CDMX, en el restaurante del hotel, a la hora del desayuno, un sujeto nos pregutó por los chilaquiles; que si eran como frijoles. Por supuesto le platicamos y le llamó mucho la atención el platillo, y esa pregunta fue el detonante de una conversación bien interesante.

Resulta que el señor era peruano -bueno, es peruano- y, además, una estrella de la farándula de por allá. Tuvimos una charla como de veinte minutos, hasta que me levanté por unos deliciosos chilaquiles, para que viera como se servían.

Muy interesente, nos contó que estaba aquí como jurado en un concurso, en un congreso de Circos latinoamericanos, y sobre su personaje; y eso nos lo contó por que no me quedé con las ganas de preguntarle cuál era el programa que tenía en el Perú... y nos lo mostró. Y sí, sí es bien pinches famoso. 

Le envío un abrazo a Ernesto Pimentel, con la esperanza de que el encuentro haya sido igual de provechoso para él...

Soy un convencido de que los viajes nos dejan siempre algo, alguna enseñanza o, al menos nos dan la posibilidad de conocer personas interesantes. 

Ese viaje no fue la excepción.

¿Por qué no me platican aquí en los comentarios si han encontrado famosos así, muy casual?

---Alexred---


jueves, 1 de diciembre de 2022

Gajes del oficio... (de la serie Vuela, vuela...)

Viajar es una cosa maravillosa... 

Pero tiene a veces complicaciones raras.

Ya les he platicado lo afortunado que soy porque tengo un trabajo en el que viajo de manera constante (ver este link y este link), mismo que me ha permitido conocer buena parte del República Mexicana; también yo por mi parte he hecho viajes por mi cuenta y he tenido la oportunidad de ir a lugares increíbles.

Pero viajar representa riesgos que quizá se puedan asemejar a los que te enfrentas cuando te gusta la vida nocturna; esa que implica andar en la calle por placer, en la fiesta, en las horas nocturnas. 

En general cualquier cosa que sea salir de tu pueblo, cualquiera que este sea, significa riesgos.

Perderte, enfermarte, que te caiga mal la comida, por ejemplo. 

Viajar de trabajo, aunque suene, digamos, glamuroso (miren esta historia de un chilango en... vivo), en realidad implica varios inconvenientes: no dormir, viajar en domingo, dormir en aeropuertos, correr para no perder vuelos, viajas en carretera - y en México esto es altamente riesgoso, sobre todo de noche- mal comer -o de plano no comer-, no encontrar hotel decente; tener poco tiempo, entre otras linduras. 

A veces pasa que encuentras carreteras con casetas tomadas, con accidentes; o vuelos que vienen con horas de retaraso, sobrevendidos o, simplemente asientos súper incómodos; y aunque estas cosas pueden parecer dramáticas, en realidad son parte del encanto que tiene cada viaje y puede ser también muy divertido (¡ja! Miren).

Me ha tocado en aeropuertos, por ejemplo, perder conexiones, correr de un avión a otro por toda una terminal kilométrica porque la conexión solo te espera a ti para despegar; que la aerolínea por sus aguacates te cancele un vuelo. 

Hace poco llegue a las diez de la noche al aeropuerto en Tijuana -recordar que respecto del centro de México son dos horas menos- para tomar el avión a las 2 de la mañana -hora de TJ- y llegar a mi destino en un vuelo de 3 horas. Hagamos cuentas: en el resto del mundo... bueno de casi todo México, mi vuelo salía a las 4 de la mañana y llegaría a mi destino a las 7:30 de la mañana, más o menos. 

Generalmente tengo sueño pesado y los vuelos no me lo espantan, así que una vez que me subí al avión caí en la profundidad de los brazos de morfeo -la verdad es que no pude dormir durante la espera y mientras, edité este video- el caso es que cuando desperté estaba cargando gas en... ¡Huatulco! 

Miren, me había pasado en el metro de la CDMX que por dormirme le di dos vueltas a la línea tres (la verde) y en otra ocasión, otras dos a la uno (la rosa); es más, una vez me subí en el camión que va para Ciudad Universitaria (la UNAM) y desperté en el Cerro del Tesoro... pero ¿Huatulco? es un exceso. 

Total que un vuelo de tres horas se convirtió en uno de seis y media. Gajes del oficio. 

En otra ocasión perdí un vuelo en un viaje de tres ciudades en tres días; solo llegué a dos ciudades. Pero estuvo complicado, la verdad es que aunque suene a pretexto, ese vuelo lo perdimos como cuarenta personas -no exagero- que llegamos tan solo diez minutos antes de la hora programada para partir, no para abordar, por un problema de tráfico intensísimo e inusual. 

La gente estaba enardecida, con la clara intención de dar portazo, aun cuando ya nos habían asegurado que el vuelo ya había partido. Bueno, de plano, un masiosare aprovechó un descuido y se echó a correr hacia las pistas, porque, no sé en otros lugares, pero en México todavía hay aeropuertos que te bajan en  un lado de la pista... y a caminar a la estación -en serio, como Mauricio Garcés en película de los sesentas-. 

No me quedé a investigar como le fue, pero estoy seguro que sí eso lo hubiera hecho en un aeropuerto gabacho, hasta de terrorismo lo acusan. 

Permítanme insistir: gajes del oficio. 

En fin, me pongo a recordar esto justo en un viaje de esos en los que pasan cosas raras: estoy sentado en una cafetería en una terminal áerea que parece de autobús, esperando el vuelo que sale de madrugada, recibí noticias personales buenas y me preparo para una larga noche...

Les digo...

Y ustedes queridas y estimados lectoribiebers, ¿cómo les va cuando viajan?

---Alexred---

jueves, 24 de noviembre de 2022

El placer de leer... (de la serie Vamos a dar una vuelta al cielo...)

Una de las habilidades que adquieres cuando desde pequeño usas transporte público, es la de leer durante los traslados. Ya sea para estudiar o por recreación, pero la lectura en el micro, camión, trolebús o metro ayuda a adelantar tareas y crea una sensación altamente satisfactoria de que estás aprovechando el tiempo -sobre todo si eres inquietito o un poco maniático... como yo comprederé-.

Una vez me pasó que yendo (de ir) de la casa de Pepe a la facu, iba (de ir) leyendo Crimen y castigo, de Fedor Dostoievski, en una edición de esas viejas que, según me acuerdo es de Historia universal de la literatura, esa que viene en dos tomos; y pues, yo solo traía uno: el primero, que era el que venía leyendo y según yo nunca se iba (tambien de ir) a acabar.

El caso es que en la última parte de este primer tomo se pone buena la historia y me clavé tanto que, de pronto, en serio, de la nada, sí se acabó el tomo y yo así de que con la taquicardia y picado con la lectura y sin poder continuarla, al menos no ese día.

Ya más grandecito me pasó con El Conde de Montecristo, pero ahora ya era yo un orgulloso elemento de la población económicamente activa, y saliendo del trabajo, tomé el metro, y como me aventaba casi toda la línea rosa, llevaba mi librote escrito por monsieur Dumas; y otra vez, bien clavado leyendo atentamente que el viejito se murió y como se le ocurre escapar, yo de traje, con abrigo, el pelo relamido porque lo traía largo, taquicardia otra vez; y sudando por los nervios que me causaba la lectura; y entonces lo avientan al mar por el acantilado y... no les miento, sentí el vértigo de la caída y grite y cerré el libro y me sequé el sudor de la frente; cuando me di cuenta la gente -que por la hora y la dirección no era mucha, afortunadamente- se me quedó viendo como con curiosidad... creo.

En fin, esto sale a colación porque a propósito de que en los próximos 15 días tengo 5 viajes programados, y todos implican largos trayectos ya por aire, ya por carretera; en esos viajes generalmente leo a ratos; y la verdad es que avanzo bastante; por ejemplo, en un trayecto a Oaxaca me leí un libro de Saramago completito entre la ida y la vuelta.

Y justo, apenas ayer, en un vuelo a Tijuana, terminé de leer una novela que ha escrito uno de mis mejores amigos; no se lo he dicho, pero, pienso que estte último tramo es el mejor de toda la historia -la cual, por cierto, una buena parte se desarrolla en esta ciudad fronteriza; y me causo la misma emoción de los ejemplos de arriba, sobre todo porque las últimas dos letras de la novela son mis inciales... ¡No mames! 

Pasan los años y el placer de leer no se termina... y sus sorpresas tampoco.

---Alexred---


jueves, 17 de noviembre de 2022

Serendipia... (de la serie Filantropías esporádicas...)

 Hay emociones que no se pueden explicar... pero sí narrar.

Aún y cuando el mundo parece girar como en unos de estos juegos mecánicos qe te hacen sentir como si te metieran en una licuadora: agitado, molido, revuelto, destrozado, etcétera; aún en medio de la recesión económica y la guerra en el mundo; incluso más allá del $%&" COVID 19; a pesar de todo eso, siempre hay cosas, momentos que pueden llenarnos de felicidad, o al menos, aliviar la carga pesada de nuestro día a día: 

Un saludo a la mitad de la calle; un mensaje de una persona en la que has estado pensando; recibir una buena noticia; pensar en lo que vas a hacer hoy que saliste más temprano de trabajar; preparar tu partido de futbol del fin de semana; encontrar un billete en la chamarra que tenía meses que no te ponías; caminar de la mano con tu pareja; tomar una cerveza con un amigo al final de la jornada; alcanzar despiertos a tus hijos o hijas o ambos; recibir lengüetazos de felicidad de tu perro; que tu gato se te acerce con la colita parada; encontrar un pájaro en la calle y ayudarlo a levantarse; voltear al cielo y mirar al sol ponerse; o ver pasar una estrella fugaz...

Un flash back de un momento de la infancia; escuchar por ahí tu canción preferida; una llamada de tu abuela; recordar de repente algo que habías olvidado; encontrar un lugar para sentarse en el vagón del metro; recibir noticias de tu mejor amigo; un café por la mañana; un colibrí en tu ventana; una foto muy especial apreciendo sin razón en tu teléfono; tener una epifanía; saber que ya vas a llegar a donde te diriges; leer un fragmento del libro que te acompaña; recibir una buena calificación en la escuela; escribir la útima línea de tu ensayo; escuchar en vivo o por teléfono un te amo...

Decidir rescatar un gatito que te encontraste en la calle; ser rescatado por un gatito que te encontraste en la calle; que alguien te invite a ver una película; escuchar una frase de agradecimiento; encontarte en la tiendita tu dulce favorito...

Hoy fue un día pesado; pero me dio tiempo de disfutar dos cosas de estas que no esperas: 

  • Dos videos de como una mujer mexicana, atleta, ganó la semifinal, primero, en el último segundo y la final después, del torneo Mundial de Tae Kwon Do; casi lloro de la emoción en la semi y se me enchinó la piel de ver el triunfo y su festejo: y, 
Una bobada:
  • En el cajón de mi oficina, al sacar la bolsa con dulces para rellenar el contenedor que tengo para las visitas, me encontré ¡un bubulubu..!
Jajaja. ¡Me dieron tanto gusto! que hasta una entrada en el blog ha merecido...

Días así son redondos -sobre todo si tomas en cuenta que en este momento sigo en la oficina-, ya si te ganas el premio gordo de la lotería es vanidad...

¿A ustedes que los mueve?

---Alexred---

viernes, 11 de noviembre de 2022

Volar... (de la serie El mundo unido por un balón...)

El sábado volé...

Casi todos los niños de niños queremos ser futbolistas de grandes. Esta es una verdad casi absoluta y de alguna manera, todos lo intentamos hasta que se nos chinga la rodilla. 

Pero, lesiones -pretextos, causas, motivos- aparte, el futbol, como casi cualquier actividad deportiva, ayuda a desarrollar el carácter, algunos valores importantes para la vida y rasgos de nuestra personalidad.

Yo, por ejemplo, le perdí el miedo a los golpes, recibiendo balonazos y alguna que otra patada durante los entrenamientos, aprendí a plantarme frente a las personas y proteger mi espacio personal y despues de eso me volví loco y pude jugar otros deportes de contacto a nivel de competencia amateur.

Una de las lecciones más importantes que aprendí de un entrenador fue cuando nos dijo que "todo el mundo juega futbol, pero eso no significa que sepa jugar futbol, y entonces ahí están ustedes corriendo buscando espacios, con técnica, que parece que los que nos saben jugar son ustedes", y eso aplica para la vida.

Ahí anda uno tratando de hacer las cosas bien y de pronto volteas y todo el mundo está hecho un pinche desmadre, transando, haciedo las cosas más o menos -en realidad menos que más-, administrando la pashuatez -consciente o no-. 

Pero esa es otra historia...

Déjenme regresar: Con el Mundial en puerta, no puedo dejar de pensar lo que el futbol me ha dado: satisfacciones; triunfos; liderazgo; trabajo en equipo; uno que otro madrazo -físico y espiritual-, buenas relaciones públicas (¿o a poco creen que solo con el golf o el tenis se puede?); y también amistades importantes.

Perder esta idea de que el futbol nos va a dar de comer, perdida en el momento que se nos rompió la rodilla, no impide que sigamos disfrutando de jugar, con pasión. Se sorprenderían de ver las ligas de barrio de las personas de más de 60 años.

Yo, después de que casi juego de manera profesional, y que cada vez que veo un balón me vuelvo loco, dejé de jugar mucho tiempo. De hecho, deje de hacer ejercicio mucho tiempo. Y cuando se me presentó la oportunidada en un nuevo trabajo, organicé el equipo y me apunté como portero, cuando la última vez que lo hice fue a los 8 años, con la única finalidad de jugar todo el partido -por aquello de la (falta de) condición : ¡Vaya sorpresa! resulté buen atajador.

Yo que toda la vida jugué de delantero goleador, encontré que la portería es igual de relevante que la delantera: en realidad no hay diferencia entre anotar un gol o evitarlo; entre fallar frente a la portería o teniéndola detrás. Ambos, -yerros o aciertos- se ven reflejados en el marcador. 

Pero lo más importante uno puede volar...

No es lo mismo soñar que vuelas como Superman, el Hombre Araña o Hulk -sí he soñado que vuelo así, de a brinquitos, jeje- que lanzarte en serio para detener una pelota... lo había hecho de manera muy vertical, como portero profesional, se los prometo, pero lo del sábado pasado... ¡uf! 

Clarito sentí como me impulsé, con la estirada de brazos me levanté del piso, detuve el balón y caí rodando. De hecho, la caída me dio una idea del tamaño del brinco, pero no lo tenía taaan claro. Hasta que me lo contaron: según yo me lancé para sacar el balón que iba pegado al poste y lo alcancé; pero me dicen que en realidad lo saqué del ángulo (sí, sí, de donde dicen que las arañas hacen su nido), lo que significa que brinque más de 2 kilos de tortilla. ¡No mames, volé!

Se acaba el año y con él, la temporada;  comenzaremos a jugar liguilla -porque clasificamos por primera vez en tres años- y ya les contaré como cerramos el año: ya como delantero, ya como portero. El chiste es disfrutar el juego... y seguir volando. 

---Alexred---

jueves, 3 de noviembre de 2022

Somos arena de mar... (de la serie Life goes on...)

Dicen que somos polvo de estrellas, pero esa es una visión muy, muy lejana de nuestos orígenes; y aunque pudiera se cierto, yo diría que más bien somos arena de mar...

Cada vez que estoy frente al mar me siento atraído por su inmensidad, no lo puedo evitar, es hipnótico: su singular sonido, su olor, sus diferentes colores; no necesitas de sirenas para perderte en él.

La vida en este planeta comezó ahí: en los océanos; y aún hoy sigue siendo responsable de ella. Durante siglos ha sido el provedor de alimentos para la raza humana -incluso antes de la invención de la agricultura- y es el productor número uno del oxígeno que nos mantiene vivos -no solo a nosotros-. 

Hoy en día, sus profundidades siguen siendo un misterio y continuamente se descubren nuevas -es un decir- especies, milenarias formas de vida que se niegan a desvelarse ante nuestros ojos. 

Quizá por eso me atrae más. Nadar en esa inmensidad y saber que hay organismos que pueden ser más grandes, más rápidos, más peligrosos, conviviendo de alguna manera con nosotros, aunque suene a masoquismo puro, no deja de ser un poco encantador. 

Desde muy niño conocí el mar y desde entonces he quedado prendido de él -ya antes he platicado de eso-, no de la manera como un marinero que ha decidido vivir del y para el mar. No; más bien de una manera más romántica: mojar los pies con su oleaje mientras se hunden en la arena es una manifestación del subconsciente tratando de establecer contacto con el origen de la vida en la Tierra; nadar en el mar es la representación tangible de nuestro deseo de volver a él.

Por eso hay gente que le tiene miedo, porque siente que si se deja seducir por él, es muy probable que ya no quiera regresar... ni que el propio océano se lo permita.

---Alexred---

jueves, 27 de octubre de 2022

Soltar... (de la serie Vuela, vuela...)

Poco a poco se termina la emergencia internacional, los estragos del COVID-19 -los que se pueden ver, sentir- ya surtieron sus efectos y desnudaron las carencias de un sistema económico que promueve la desigualdad y que a la hora de la pandemia no respetó ni a ricos ni a pobres; aún así, vamos retornando a la nueva normalidad, aquella de la sana distancia y el uso de cubrebocas en espacios cerrados y concurridos. 

Y si bien pareciera que ya se acabó, hay que seguir cuidándose porque hay cosas sobre la enfermedad, sus secuelas y sus consecuencias, de las que no tenemos certeza, vaya ni siquera nos acercamos.

En algunos centros de trabajo, sobre todo en la iniciativa privada, la gente no volverá a las oficinas, todos será atendido desde casa, y la burocracia, esa siempre es más lenta, pero tiene ya otra visión sobre el valor de lo importante.

Acá donde estoy, depués de dos y años y medio encerrados, trabajando desde casa, por fin volví a la oficina y en la primera semana, tal vez por que llevamos cierta inercia ascendente, no me pesó tanto el cambio -aunque debo confesar que si extraño la dinámica en casa-, se lo atribuyo a que me gusta mucho lo que hago que no ha sido tan pesado. 

Hoy encontré un tiempo para arreglar el desmadre que había sobre mi escritorio: papeles que no tienen ningún valor, más que archivados, arrumbados, apilados en la espera de la limpia que algún día llegaría y que llegó hoy. Imagínense: dos años y medio sin atender de planta aquí más lo que ya había acumulado.

Resultado: las papeleras y mi escritorio despejados, de esas veces que sientes que a tu derecha hay un vacío que te jala hacia él sin que haya ya nada en lo que te puedas detener; bonita alegoría; piensen en toda la energía (buena o mala vibra, o de las dos) que estaba contenida en un espacio pequeño -porque tan poco es que ¡uf! que pinche oficinón, no, está tranqui-. 

Me siento como recién bañado. Listo para lo que sea que venga -que además creo que ya sé que es-.

Al final de lo que se trata es de soltar para seguir avanzando. Como los globos aerostáticos, que van soltando los sacos de arena, el lastre, pues, para poder subir sin peso. 

Eso debería ser una práctica común, pero a veces nos aferramos a las cosas, a los objetos y no reparamos en que mucho de eso a lo que nos agarramos con singular desesperación, no representa otra cosa más que peso muerto, lastre que nos mantiene estáticos, inmóviles.

Si me preguntan -que no lo han hecho, ya sé- les sugeriría que hagan el ejercicio de separarse de las múltiles pendejadas sin sentido que vamos acumulando junto con nuestro kilometraje personal, descubrirán que andar ligero por la vida ayuda a tomar mejores decisiones, o al menos tomarlas sin el peso de los problemas, que a veces ni nuestros son, que venimos cargando -también, a veces- sin necesidad. 

Ya verán como la vida comienzo a fluir de manera diferente.

Sean felices.

---Alexred---

jueves, 20 de octubre de 2022

La vida en más de 140 caracteres... (de la serie: Inventario)

La vida no es como fue sino como uno la recuerda... Más o menos eso escribió en sus memorias el gran escritor colombiano Gabriel García Márquez...

Conozco mucha gente a la que le gusta escribir, que le gusta leer o que disfruta una varias de las otras expresiones artísticas. Disfruto mucho de su compañía y han sido ejemplos a seguir. 

Alguna vez pensé que podría hacerlo, -¡ja! tengo unos textos de cuando estaba en la prepa que escribí en uno de esos momentos en los que te mueres de nada y sufres como si te murieras por todo- pero las viscicitudes (¡qué hermosa palabra!) de la vida me llevaron por diferentes rutas. 

Además, en la universidad -que para ser sincero tenía yo muchas carencias- conocí a gente bien interesante, que además de contar con un pensamiento crítico profundo y una cultura amplia para la edad, tenían madera de escritores: Sereno; Alejandro, Pepe, a su corta edad ya tenían una trayectoria personal en la que la escritura era una parte fundamental de sus actividades. 

Como no me podía quedar atrás, más que por competencia, por convivencia y conveniencia, y resultado de otra de esas frases que se te quedan grabadas en la memoria como si fueran tatuajes en la piel, que tenía que ver con el perfil del profesionista egresado de la carrera universitaria en la que en ese momento me encontraba, y de mi imposibilidad de leer el Zathustra de Nietzsche, comprendí que la mejor forma de entender el mundo y acceder a una "decente" manera de escribir -aunque fuera mi nombre-, era leer y leer y leer: devorar con los ojos todos los textos que llegaban a mis manos. 

Un día, uno de estos libros me cambió la perspectiva -como muchos otros durante diferentes momentos de la vida-: Inventario de Juan José Arreola, uno de los grandes escritores mexicanos del siglo XX.

Una recopilación de textos que de manera cotidiana publicaba en algún diario nacional. 

Pensamientos cortos, inteligentes y de pronto hasta graciosos. A partir de ahí me imaginé cómo sería escribir así de genial, con esa regularidad.

Debo confesar que tuvieron que pasar muchos años, muchos libros y muchos descalabros intelectuales antes de siquiera intentar asomarme al mundo de las letras. La verdad es que llegar a adulto y darte cuenta que no sabes escribir bien, cuando intentas hacerlo, es frustante, anímicamente demoledor.

Sin embargo, parafraseando el dicho popular, todo tiene el tiempo perfecto. Justo en el momento en que por una epifanía encontré -y decidí tomar- el camino de los siguientes años (de hecho, el resto de mi vida. Pueden ver esta entrada: https://alexred-lemontree.blogspot.com/2018/08/como-nunca-en-la-vida-de-mis-40-anos-de.html); ante la insistencia de mi hermano; y de ese talante inquieto que tan mal le cae a la gente -y a veces a mi- decidí aventurarme y hacer mis primeros pininos: https://alexred-psychocircus.blogspot.com/2009/09/el-regreso-i.html

Es el desarrollo de una idea, a partir de un análisis que había hecho en mis primeros meses de universidad aterrizado muchos años después; muchos libros después; muchos desencuentros después.

A partir de ahí, comencé a practicar. 

Estoy convencido que a partir de la escritura se pueden expresar una cantidad de cosas inimaginables. Parece que exagero, pero solo a través de este arte podemos construir mundos fantásticos o incluso, la propia realidad.

Hoy, después de mucho tiempo he decidido darle vida a este blog. Enriquecer la comunidad que estoy conformando a través de mi canal de Youtube y del Podcast de Esferas Aparte  y continuar contando historias. Aportar, pues, al mundo un respiro ante tanta intolerancia y violencia.

Aquí encontraran temas que hablan de la vida en más de 140 caracteres, de manera regular. 

Bienvenidas, bienvenidos.

---Alexred---


 

martes, 22 de febrero de 2022

Cuadritos de gelatina con rompope.... (de la serie Los años maravillosos)

Muchos días del año al salir de la escuela nos íbamos a la casa de los primos, esa casa vieja que adquirieron los bisabuelos cuando por fin se pudieron establecer en la Ciudad de México. Sobre una avenida que con la llegada de la "modernidad" se convertiría en eje vial, pasábamos las tardes cuatro niños con mucha energía, dos mamás muy jóvenes, la abuela y al principio de los años la bisabuela y el bisabuelo, aquellos viejos que nos enseñaron un chorro de cosas, antes de que se fueran de manera permanente a Cuatla (Bitácora de viaje...). 

Ubicada en una zona "popular" el nombre de la colonia te decía mucho de su origen: granjas...(algo), no importaba, la casa tenía lo necesario para divertirse horas y horas y horas..: un pequeño jardín delantero donde se podía jugar con la tierra; un patio sin techar donde cabía un automóvil, dos puertas de acceso: una al fondo que era la entrada a la cocina y otra a un costado que era la entrada a la sala: un pequeño patio trasero con una especie de bodega que nunca supe que tenía adentro - de hecho esta covacha ha sido motivo de unos de esos sueños recurrentes en el que su interior te llevaba a otras habitaciones secretas...-; un techo alto que permitía tener una azotea de una altura considerable, con una ventaja: te conectaba fácilmente a la casa de a lado en donde las vecinas eran dos niñas que ocasionalmente se incorporaban a nuestras tardes (como nota al pie, después de que vendieron la casa, los nuevos dueños construyeron un piso más y cuarto en la nueva azotea cuya puerta de entrada daba a la nada. Sí, esas costumbres extrañas chilangas que en este link  Costumbres raras...  pueden seguir) 

Como ven, queridos y queridas, para unos niños era un palacete. 

Pues bien, entre las actividades que había que hacer era ir al mercado. Para quienes no conocen, en la Ciudad de México existen espacios establecidos en las colonias con el objeto de ofrecer alimentos y demás enseres a precios, digamos populares: es decir el Perisur del pueblo. 

La verdad es que la única razón por la que nos gustaba acompañar a los adultos al mercado era por que había un solo puesto que vendía gelatinas, y si bien había de todos los sabores y presentaciones, lo que más nos gustaba eran los cuadritos de sabores que te vendían en una bolsa a la cual le podrías además pedir que le pusieran rompope...

Sí ya sé, pero por alguna razón los adultos nos permitían a los niños tomar rompope...

Es en serio, pero esta es otra historia.

Hace dos entregas les platicaba de los placeres simples (Imágenes...) y comer cuadritos de gelatina con rompope es uno de esos recuerdos de la infancia que no se pueden olvidar. Quizá tenga que ver con la evocación a un lugar feliz en la memoria; o tal vez a la relación de la gelatina en la familia: 

En algún momento de la vida mi abuela materna (mi hermosa mamá Chabela) vendió gelatina; y la familia de mi papá -sus abuelos y en algún momento él con sus hermanos- también tuvieron un puesto en el mercado de Peralvillo donde vendían gelatina... en cuadritos y con rompope. 

En fin, todo esto porque a mis 43 años disfruto del  dulce postre y apenas está semana en casa preparamos los famosos cuadritos. 

¿Ustedes gustan?

---Alexred---  

 

jueves, 6 de enero de 2022

Inicio de año... (de la serie Life goes on)

Hay algunas cosas -que a simple vista parecerían superficiales- que me emocionan mucho. 

Estrenar una libreta de bolsillo es una de ellas... más si coincide con el año nuevo o mi cumpleaños. 

Básicamente tiene que ver con la necesidad de escribir las cosas que pienso o leo para que no se escapen -al menos algunas- y se pierdan en el universo infinito de mi mente; y es que todo el tiempo está a mil por hora y de pronto genera buenas ideas que no me gusta desperdiciar.

Es un hábito que fui creando hace ya algunos años -bastantes años-, cuando después de la universidad (mi primera carrera) retomé otro viejo hábito, el de la lectura de todo lo que se me pusiera enfrente, y entonces me daba por cargar siempre con un bolso de mano que contenía -al menos- un libro, un diccionario en español (a veces otro en inglés o francés) una pluma, banderitas -nunca me gustó rayar los libros- y sí, una libreta... Allá iba yo cargando con mi bolso todo el tiempo, porque además, tampoco nunca me ha gustado traer cosas en las bolsas de la ropa. 

Debo tener unas 15 libretas. Las primeras dos fueron cuadernitos de espiral; hasta que un día encontré unas libretas Moleskine de pastas blanda y dura y con hojas blancas, de colores rojo o negro -aunque debe haber azules-. No es mi intención hacer un comercial, solo establezco un hecho para lo que estoy contando...

En todas estas libretas hay citas de libros; sucesos importantes o impactantes; impresión de sueños; tareas pendientes; alguna que otra cuenta; guiones para los videos o para presentaciones como maestro de ceremonias, etcétera. A veces me he despertado en la noche con una idea que después se convierte en historia.

También he dejado de usarla por largos periodos. O sea, una cantidad de recuerdos de casi la mitad de mi vida.

Es tan representativa de mí, que algunas personas cercanas me han regalado libretas de bolsillo. Regalos que valoro mucho por venir de quienes lo han hecho; aunque debo confesar que las uso poco porque no me acostumbro a escribir en una libreta que no haya escogido yo o que sea diferente a esta -básicamente por maniático-. Incluso he intentado hacerlo en libretas electrónicas y el resultado ha sido el mismo. No puedo. 

Eso sí, todas las conservo con cariño y ahí están: en espera de que en algún momento me ayuden a conservar mi memoria.  

Por ejemplo, ahora mismo, la idea era escribir solo los objetivos a alcanzar en este año que inicia: 2022. Seguro lo haré, pero mientras ya me seguí con esta historia que ha salido así, de la nada.  

Y permítanme invitarles-ya saben que aquí no le decimos a nadie qué hacer-, queridas y queridos lectores, a realizar un ejercicio similar. 

Detenerse un momento a pensar qué hacer durante los siguientes 360 días nos proporcionará una luz que seguir. Nos ayuda a fijar un rumbo, pues. 

No se deje sorprender o amedrentar por aquellas personas que se burlan de los que hacemos este ejercicio al inicio del año, recuerde usted que si bien el tiempo es un constructo cultural, humano, también es cierto que las vueltas al sol son reales y que generan ciclos que, a su vez, generan vida o impactan en el desarrollo de la misma. 

Así que, hágame el grandísimo favor de disfrutar su año; seguro habrá altibajos, así es la vida; y yo mientras le agradezco el favor de su atención y ya le platicaré sobre los objetivos que me estoy planteando para este año.  

---Alexred---

P.S. 

¿Por qué no me platica aquí en los comentarios cuáles son algunos de sus objetivos? Uno nunca sabe quién nos puede ayudar...